10 años de la toma del Bronx: el amanecer que transformó una zona de Bogotá
Era 28 de mayo. A las 6:00 a. m., el amanecer llegó con el rumor de un gran operativo. Era sábado de madrugón en San Victorino y, mientras avanzaban las tanquetas del Esmad, las motocicletas con patrulleros de la Policía y los camiones llenos de soldados del Ejército rumbo al temido Bronx, en la “olla” sucedían simultáneamente estas cuatro escenas:
Alexánder estaba frente a la pantalla de una máquina tragamonedas, pasando los efectos del bazuco; Alejandro reciclaba para conseguir con qué comprar “merca”; Rafael se encontraba en una zona de consumo; y una cuarta persona, cuyo nombre se omite por seguridad, intentaba esconder su dosis diaria. Todos ellos fueron sorprendidos por la irrupción de las autoridades.
El contexto del operativo
El Bronx, conocido como uno de los centros de expendio de drogas más grandes de Bogotá, era un símbolo de la degradación urbana y la violencia. Durante años, miles de personas vivieron en condiciones inhumanas, atrapadas entre la adicción y la delincuencia. La intervención del 28 de mayo, ordenada por la Alcaldía de Enrique Peñalosa y ejecutada por la Policía Nacional, buscaba desmantelar esta red criminal y recuperar el espacio público.
El operativo movilizó a más de 2.500 uniformados, entre policías y militares, apoyados por helicópteros y vehículos blindados. En cuestión de horas, se logró la captura de decenas de delincuentes y la incautación de armas, drogas y dinero. Sin embargo, el impacto social fue profundo: cientos de consumidores y habitantes de calle quedaron sin un lugar al cual ir, lo que generó debates sobre las políticas de asistencia social.
Las cuatro escenas que marcaron la madrugada
Mientras las tanquetas del Esmad rompían las barricadas improvisadas, Alexánder, un joven de 24 años, apenas alcanzó a levantarse de la máquina tragamonedas antes de ser reducido por un agente. “No sabía qué pasaba, solo escuchaba gritos y disparos”, recordaría después. Alejandro, por su parte, llevaba horas recogiendo cartones y botellas para comprar su dosis diaria. Al ver a los soldados, intentó huir, pero fue detenido a pocos metros.
Rafael, un hombre de 45 años, estaba en una de las llamadas “cocinas” del Bronx, donde se procesaba la droga. Su testimonio, recogido por el periodista Juan Camilo Parra, revela la crudeza del lugar: “Había ollas hirviendo, jeringas en el piso y un olor nauseabundo. Los militares entraron como si fuera una guerra”.
Consecuencias y legado
La toma del Bronx no solo significó el cierre de la “olla”, sino que impulsó un proceso de renovación urbana en el sector. Años después, el lugar fue transformado en un parque y centro cultural, aunque persisten los retos de la rehabilitación de los adictos y la prevención del delito. Para muchos, el operativo fue un hito en la lucha contra el narcotráfico en Bogotá; para otros, un recordatorio de que la seguridad no puede desligarse de la inclusión social.
Hoy, a una década de aquellos hechos, el Bronx sigue siendo un símbolo de los desafíos que enfrenta la ciudad en materia de seguridad y política de drogas. El periodista Juan Camilo Parra, quien cubrió el operativo para El Espectador, recuerda: “Fue una mañana que nadie olvida. El ruido de las tanquetas y los helicópteros aún resuena en la memoria de quienes estuvimos allí”.



