El cohete lunar de Boeing enfrenta un futuro incierto bajo la NASA de Trump
El Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) de Boeing, con un costo de US$24.000 millones, acaba de llevar a los astronautas más lejos en el espacio que nunca antes. Sin embargo, la administración del presidente Donald Trump ya está buscando activamente un reemplazo entre la competencia comercial.
Presión por alternativas comerciales
Aproximadamente una semana antes de que el SLS impulsara a los cuatro tripulantes de la misión Artemis II alrededor de la Luna, la NASA preguntó a sus competidores qué opciones podían ofrecer para futuros viajes lunares. Esta solicitud, reflejada casi de inmediato en la petición presupuestaria de la Casa Blanca, generó grandes interrogantes sobre el futuro del problemático cohete tras casi una década de desarrollo.
El futuro del programa —con un valor de decenas de miles de millones de dólares en los próximos años— se ha convertido en una prueba crucial para Jared Isaacman, el multimillonario empresario de tecnología financiera nombrado director de la NASA el año pasado, en su empeño por hacer que la agencia espacial sea más rápida y eficiente.
El dilema de costos y plazos
"Dado que ese programa se basa en tanta historia, cuenta con contratistas, cientos de subcontratistas y decenas de miles de personas, es costoso", declaró Isaacman en febrero. "No es el vehículo que se va a usar para ir y volver de la Luna un par de veces al año mientras se construye una base lunar como quiere el presidente".
Isaacman confía en que nuevas empresas comerciales como SpaceX ofrezcan alternativas más económicas a los costosos sistemas como el SLS, desarrollados por compañías tradicionales como Boeing y Lockheed Martin Corp. Sin embargo, nuevos rivales como SpaceX y Blue Origin aún no han demostrado que sus cohetes puedan llegar a la Luna.
Resistencia política y presión temporal
La red de apoyo de Artemis —con proveedores en los 50 estados— ha ayudado al programa a sobrevivir a intentos de cancelación a lo largo de años de retrasos y sobrecostos. El intento de la administración de eliminar gradualmente el SLS y la cápsula tripulada Orion en su solicitud de presupuesto del año pasado se topó con fuerte oposición en el Capitolio.
Con la fecha límite de 2028 para enviar astronautas a la Luna antes de que Trump deje el cargo y China planeando su propia misión para finales de la década, Isaacman se encuentra bajo presión extrema para cumplir con los plazos.
Medidas drásticas y cambios de rumbo
Isaacman ha estado tomando decisiones controvertidas:
- En febrero, anunció que la NASA cancelaría el contrato multimillonario de Boeing para una etapa superior más potente del cohete SLS
- En marzo, anunció una pausa en el proyecto Gateway, una estación espacial planificada en órbita lunar
- Presentó planes alternativos para una base en la superficie lunar y una serie acelerada de misiones
"Está intentando apostar fuertemente por el sector espacial comercial y la competencia", declaró Dave Cavossa, presidente de la Federación Espacial Comercial. "Creo que es la administración más favorable al sector comercial que jamás hayamos visto".
Costos exorbitantes y críticas crecientes
Uno de los principales focos de las críticas es el cohete SLS, que ha llevado las misiones Artemis a la órbita a un coste de unos US$4.000 millones por viaje, cuatro veces superior a las estimaciones iniciales y con años de retraso.
"No nos quedaremos de brazos cruzados cuando se retrasen los plazos o se superen los presupuestos", declaró Isaacman el 24 de marzo. "Esperen medidas incómodas si es necesario, porque el público ha invertido más de 100 mil millones de dólares".
Defensa corporativa y realidad actual
Un portavoz de Boeing afirmó que la compañía se enorgullece de ser socia de la misión Artemis. Tony Byers, director de Servicios de Exploración de Orion en Lockheed Martin, declaró que la nave espacial Orion es el único vehículo tripulado para el espacio profundo con experiencia de vuelo comprobada.
Por el momento, el SLS es el único cohete en el mercado que puede hacer lo que la NASA necesita. Esta falta de alternativas ha permitido a los legisladores caminar sobre la cuerda floja entre adoptar opciones comerciales y defender, por ahora, la arquitectura existente.
"Creo que debemos usar lo que tenemos", dijo el representante Brian Babin, señalando el cohete SLS en el Centro Espacial Kennedy. "Cuando tengamos una alternativa, creo que sería estupendo contar con un cohete comercial o uno propiedad del gobierno".



