Victoria Camps: 'La democracia se ha pervertido y desvirtuado' en la era digital
Victoria Camps, catedrática emérita de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Barcelona y exsenadora española, ofrece una reflexión profunda sobre los desafíos que enfrenta la sociedad contemporánea. En entrevista exclusiva, la reconocida pensadora analiza cómo la tecnología, el creciente individualismo y la desconfianza institucional están transformando nuestra concepción de la democracia y los valores cívicos.
La crisis de confianza en las instituciones
"Confiamos en casi nada", afirma Camps con contundencia. "La confianza se ha reducido a núcleos pequeños: la familia, los amigos cercanos. En la política es evidente que cada vez confiamos menos, y lo mismo ocurre con las instituciones que no cumplen nuestras expectativas". La filósofa señala que esta desconfianza se extiende a grandes corporaciones como eléctricas y bancos, que deberían proporcionar servicios esenciales pero frecuentemente decepcionan.
Según Camps, vivimos en un mundo que se percibe como hostil, agravado por la polarización política, confrontaciones constantes y guerras que parecen cotidianas. "Gran parte de la sociedad tiene la impresión de que todo es caótico a su alrededor: guerras, migrantes perseguidos, odio, cambio climático, nacionalismos y líderes extremistas", explica.
El impacto ambivalente de la tecnología
La inteligencia artificial representa para Camps un progreso significativo pero problemático. "Es un gran avance que nos ayuda en cálculos, diagnósticos médicos y tratamientos", reconoce. "Sin embargo, también limita nuestra libertad al imponer maneras específicas de hacer las cosas, especialmente evidente cuando buscamos información en la web".
La filósofa advierte sobre cómo las relaciones personales han ido decreciendo porque "todo lo hacemos a través de pantallas, máquinas y robots que nos contestan". Sobre las redes sociales, su postura es clara: "Quizá lo mejor sería no usarlas, que es lo que hago yo. No participar en ellas también es una opción. No tenemos por qué estar en todos lados".
La libertad en la sociedad contemporánea
Camps distingue entre dos tipos de libertad: la negativa y la positiva. "Los filósofos llamamos libertad negativa a esa libertad de hacer todo lo que quiero, con el único límite que ponen el derecho y la ley", explica. "No es una libertad que lleve al progreso o a la mejora del mundo. La libertad positiva es la que tiene en cuenta la propia mejora de uno mismo y la de la sociedad en la toma de decisiones".
La pensadora observa que hemos llegado a "unos extremos de libertad individualista egoísta, de entender la libertad como satisfacer solo los propios deseos, hacer lo que uno quiere mientras la ley se lo permita, es decir, no pensar en el otro".
La desvirtuación de la democracia
Al analizar la situación política actual, Camps es categórica: "Se ha pervertido mucho y se desvirtúa el sentido que debería tener la democracia". Critica especialmente el ascenso de partidos de extrema derecha y, en ocasiones, de extrema izquierda, que han llevado la confrontación política a niveles extremos.
"No se puede insultar ni lanzar determinadas expresiones racistas", afirma. "No se llegan a discutir los temas porque nos perdemos en tonterías y en debates ridículos". Para la exsenadora, el Parlamento siempre ha sido "como una olla de grillos", pero actualmente se han alcanzado "unos extremos tremendos".
Principios éticos para tiempos de polarización
Frente a esta realidad compleja, Camps propone recuperar virtudes cívicas fundamentales. "El valor que deberíamos intentar practicar más es el respeto mutuo", sostiene. "Etimológicamente, la palabra viene del latín respicere, que significa 'mirar dos veces'. Hay que mirar dos veces a una persona, detenernos en sus rasgos para respetarla".
La filósofa enfatiza la importancia de la escucha y la reflexión pausada como antídotos contra la polarización. "De todas las virtudes cívicas que deberíamos recuperar en momentos de polarización, la más importante sería ese respeto mutuo que significa escuchar, que significa reflexionar otra vez".
Educación y formación del carácter
Sobre la formación de las nuevas generaciones, Camps advierte que el espíritu crítico no surge espontáneamente. "Entendemos el espíritu crítico como algo que parece que tiene que salir espontáneamente", observa. "Como si la cosa fuera tan fácil como poner a un joven ante un problema y preguntarle: '¿Y tú, qué opinas?'. Eso no es espíritu crítico".
La pensadora defiende el papel fundamental de la filosofía en la formación ciudadana. "El objetivo de la filosofía es intentar comprender mejor el mundo y comprenderse uno a sí mismo", explica. "Sirve para razonar mejor, tener hábitos de pensamiento, conceptualizar mejor las situaciones para hacer las preguntas más adecuadas".
Individualismo y soledad no deseada
Camps analiza cómo el individualismo moderno ha ido deshaciendo los lazos sociales, excepto los familiares. Sin embargo, señala la paradoja de que "hay miles de personas mayores que viven solas, que no tienen apoyo familiar".
"La soledad no deseada es una expresión que aparece mucho actualmente", comenta. "Se asocia, sobre todo, a la soledad de los mayores porque es algo intrínseco a la mayor esperanza de vida. Quienes viven más, van perdiendo la pareja, los amigos, las posibilidades de relacionarse".
La filósofa concluye con una reflexión sobre nuestra condición de privilegiados que viven en la era del pesimismo. "Somos privilegiados porque vivimos en un mundo desarrollado y teóricamente civilizado", reconoce. "Pero estamos enfadados, estamos hartos de un mundo que no nos acaba de gustar". Su mensaje final es de esperanza activa: "A pesar de la desconfianza, hay que tener esperanza en que, si algo puede mejorar, dependerá de nosotros".



