Tona, Santander: comunidad exige justicia tras velatón por niño de 10 años hallado muerto
Un profundo dolor y una exigencia unánime de justicia marcaron la noche del martes 10 de febrero en Tona, Santander, donde decenas de personas se congregaron frente al colegio Rafael Uribe Uribe para realizar una velatón en memoria de Daniel Felipe, el niño de 10 años cuyo cuerpo fue hallado sin vida en zona rural del municipio el pasado fin de semana.
Un homenaje lleno de dolor y reclamos
Con velas, oraciones y consignas que pedían verdad y celeridad en las investigaciones, la comunidad se unió para honrar al pequeño que cursaba primaria en esa institución educativa. "Todos unidos en oración por el eterno descanso de Daniel y por la familia que en estos momentos sufre un dolor tan grande", expresó conmovido un habitante de Tona durante la conmovedora vigilia.
Otro asistente fue más enfático en sus demandas: "Las autoridades deben investigar exhaustivamente hasta el final. La verdad debe salir a relucir y los responsables deben pagar". El ambiente estaba cargado de indignación y tristeza, reflejando la profunda herida que ha dejado este suceso en la comunidad santandereana.
Los misteriosos hechos que conmocionan a Tona
La tragedia comenzó el domingo 8 de febrero, cuando Daniel Felipe salió de su casa en el sector de Los Sances, cerca del casco urbano de Tona, para realizar un mandado en bicicleta. Según testimonios familiares, se trataba de una diligencia que no debería haber tomado más de 15 minutos, pero el niño nunca regresó a su hogar.
La angustia inicial se transformó en desesperación cuando encontraron abandonada la bicicleta del menor. Horas más tarde, llegó la noticia más devastadora: el cuerpo de Daniel Felipe fue localizado sobre numerosas piedras de distintos tamaños, a un costado del río Tona, específicamente en el sector del puente de Carrasquilla.
La versión familiar y la respuesta institucional
Mireya Ramírez, tía del menor, compartió con medios locales la perspectiva que mantiene la familia sobre lo ocurrido: "Se presume que el niño fue atropellado en algún lugar; luego lo echaron a un carro y tiraron el cuerpo ahí en el río. Ese sitio donde lo hallaron no era un lugar al que él tuviera que ir; además, queda en sentido contrario de donde lo habían mandado, y pasaron dos horas".
Frente a estas declaraciones, el coronel Néstor Rodrigo Arévalo Montenegro, comandante del Departamento de Policía Santander, ofreció detalles sobre la investigación en curso: "Se realizó la inspección técnica al lugar de los hechos y será Medicina Legal la encargada de determinar si existen signos de violencia distintos a los ocasionados por la caída. Actualmente estamos en el proceso de investigación".
El alto oficial hizo además un llamado a la comunidad: "Invitamos a los ciudadanos a que, si alguien conoce algún hecho relacionado con la muerte del menor, lo informe a través de la línea 123 de la Policía Nacional".
Las secuelas de una tragedia comunitaria
Mientras las autoridades continúan con las pesquisas, la comunidad de Tona prepara las exequias del niño, programadas para el mediodía del miércoles 11 de febrero. Familiares, amigos y allegados le darán el último adiós mediante una eucaristía, tras lo cual el cuerpo será trasladado al cementerio municipal.
Este caso ha dejado al descubierto no solo el dolor de una familia, sino la vulnerabilidad que enfrentan los menores en ciertos contextos, generando preguntas sobre seguridad y protección que resuenan más allá de los límites municipales. La velatón del martes se convirtió así en un símbolo de duelo colectivo y, simultáneamente, en una demanda ciudadana por transparencia y justicia frente a circunstancias que aún guardan misterios por resolver.