Cartas desgarradoras de niñas colombianas en cárceles ICE: "Estoy presa en EE.UU."
Dos menores de edad colombianas han plasmado en cartas el dolor y la desesperación que viven dentro de los centros de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Estados Unidos. Los testimonios de Gaby MM, de 14 años, y María Antonia Guerra Montoya, de 9 años, revelan las duras condiciones que enfrentan tras ser detenidas en el Centro de Procesamiento de Inmigración de Dilley, al sur de Texas.
Testimonios que conmueven desde el encierro
Las cartas, recopiladas por periodistas de Propublica, muestran cómo estas niñas colombianas narran su angustia por estar atrapadas lejos de su país. María Antonia Guerra Montoya, detenida durante 113 días, escribió: "Extraño a mis amigos y siento que me van a olvidar. Estoy aburrida aquí. Ya extraño mi país y mi casa, vine de vacaciones por 10 días y me llevaron a una oficina de ICE". La menor relató que fue interrogada durante dos horas sin la presencia de su madre y que incluso se ha desmayado dos veces durante su reclusión.
Por su parte, Gaby MM describió el trato inhumano que reciben: "Los oficiales tienen mala manera de hablar con los residentes cuando les preguntan algo. Los trabajadores los tratan de forma inhumana, verbalmente, y no quiero imaginar cómo reaccionarían si no estuvieran supervisados". Ambas niñas expresaron su profundo deseo de regresar a Colombia y recuperar su libertad.
Contexto de la detención masiva de migrantes
Según la investigación de Propublica, en el centro de detención de Dilley se encuentran más de 750 familias, casi la mitad con niños en su interior, además de 370 mujeres adultas solteras. Este centro es particularmente significativo porque es el único en Norteamérica que alberga específicamente a familias migrantes detenidas.
El medio periodístico destacó que desde el inicio de la administración Trump, el número de niños detenidos por el ICE se ha multiplicado por seis, lo que representa un aumento dramático en las políticas migratorias estadounidenses. A pesar de que el Departamento de Seguridad Nacional afirma que los detenidos reciben atención médica adecuada, tres comidas diarias y acceso a educación, las cartas de las niñas colombianas pintan una realidad muy diferente.
Contraste entre la versión oficial y la realidad vivida
Mientras las autoridades estadounidenses insisten en que los centros de detención cumplen con estándares humanitarios, los testimonios de las menores colombianas revelan:
- Falta de atención médica adecuada cuando se sienten enfermas
- Extrañamiento profundo de sus círculos sociales y vida normal
- Condiciones que han llevado a desmayos repetidos
- Trato verbal inhumano por parte de algunos oficiales
- Sensación de estar siendo utilizadas como instrumentos para detener a sus familiares
La situación de María Antonia es especialmente conmovedora, ya que relata cómo fue detenida mientras viajaba con una azafata porque su madre vive en Nueva York sin documentos: "Solo querían arrestar a mi mamá, porque mi mamá no tenía documentos para vivir en Estados Unidos. Siempre viajé con mi visa de turista, pero ICE me usó para atrapar a mi mamá".
Repercusiones y rechazo a las políticas migratorias
Estas revelaciones se producen en un contexto donde las medidas migratorias del gobierno estadounidense han generado un fuerte rechazo en múltiples sectores, tanto dentro como fuera del país. Las recientes muertes ocasionadas por integrantes del ICE han aumentado la presión sobre estas políticas, mientras organizaciones de derechos humanos exigen mayor transparencia y condiciones dignas para los detenidos.
El caso de las niñas colombianas se suma a otros testimonios que han salido a la luz recientemente, como el de Liam Conejo Ramos, un niño de 5 años que también fue detenido junto a su padre y posteriormente liberado en Texas. Estos relatos humanizan las estadísticas y ponen rostro a las consecuencias de las políticas de detención migratoria.
Las cartas de Gaby MM y María Antonia Guerra Montoya no solo documentan su sufrimiento personal, sino que también evidencian las fallas sistémicas en el tratamiento de migrantes, particularmente cuando se trata de menores de edad. Sus palabras, escritas con la inocencia de su edad pero con la crudeza de su experiencia, representan un llamado de atención sobre la necesidad de revisar las prácticas de detención y garantizar los derechos fundamentales de todos los seres humanos, independientemente de su estatus migratorio.