La insólita fuga de tres monjas octogenarias en Austria
En una historia que parece sacada de una novela de aventuras, tres monjas de avanzada edad han protagonizado un escape digno de película en Austria. Las hermanas Bernadette, Regina y Rita, de 88, 86 y 82 años respectivamente, lograron fugarse del asilo geriátrico donde habían sido confinadas contra su voluntad para regresar al convento que consideran su verdadero hogar.
Un plan meticuloso de tres años
Lo extraordinario de esta historia radica en su inversión del relato tradicional. Mientras normalmente se asocia la fuga de un convento con la búsqueda de libertad mundana, estas religiosas hicieron exactamente lo contrario: escaparon de la comodidad de un moderno geriátrico para volver a las austeridades de la vida claustral.
Según los detalles que han emergido, el plan de fuga se gestó durante tres largos años. Las monjas, pertenecientes a la comunidad agustina del convento de Goldstein cerca de Salzburgo, mantuvieron una comunicación cifrada con sus antiguas alumnas a través de cartas que aparentaban ser simples mensajes piadosos.
"Parece que fue un escape de novela", describe el relato periodístico. Exalumnas del convento, que también funciona como colegio privado, lograron convencer a cerrajeros de la región para que ayudaran en la operación de rescate.
El conflicto con las autoridades religiosas
El traslado al asilo geriátrico había sido ordenado por el prevoste de la comunidad agustina, quien argumentó que las hermanas, por su avanzada edad, "ya no estaban para subir y bajar escaleras de piedra" del antiguo convento. Aseguró que en el hospicio contarían con cuidados profesionales y todas las comodidades modernas.
Sin embargo, las monjas se sentían prisioneras en lo que consideraban un exilio forzado. Desoyendo primero sus súplicas y luego sus protestas más enérgicas, las autoridades religiosas las trasladaron en una furgoneta al centro geriátrico, donde permanecieron contra su voluntad.
El regreso triunfal y la rebelión pública
Cuando las monjas regresaron finalmente al convento de Goldstein hace siete meses, la reacción del prevoste fue de incredulidad, estupor y absoluto horror. Las acusó de desacato a la autoridad superior y las amenazó con las sanciones más duras previstas en la ley canónica.
Pero las hermanas, imperturbables, presentaron su contraargumento: la ley canónica también garantiza la estabilidad locativa para quienes deciden entregar su vida a la Iglesia, promesa que consideraron incumplida con su traslado forzoso al asilo.
Desde septiembre del año pasado, las tres monjas viven nuevamente en su convento, "felices de la vida, o lo que les quede de ella", según describen los reportes. Su caso ha generado una extraordinaria simpatía pública que se ha traducido en una exitosa campaña de recaudación de fondos.
De fugitivas a fenómeno viral
Las hermanas no solo han desafiado públicamente a las autoridades religiosas, sino que han abrazado las redes sociales para documentar su vida diaria en el convento. Con un estilo desenfadado y carismático, las "monjas de Goldstein" se han convertido en un auténtico fenómeno viral, atrayendo a miles de seguidores en plataformas digitales.
El éxito de su visibilidad pública ha sido tal que ya han recaudado una considerable fortuna en donaciones, dinero que planean utilizar para viajar a Roma y presentar su caso directamente ante el Papa. Fuentes cercanas al Vaticano sugieren que el pontífice, "hombre sabio", ha dado a entender que simpatiza con la posición de las religiosas.
Esta extraordinaria historia continúa desarrollándose, con las tres monjas octogenarias demostrando que la determinación y el apego a las convicciones no tienen fecha de expiración, desafiando estereotipos sobre la vejez y redefiniendo lo que significa luchar por el lugar que uno considera su hogar.



