De la adversidad a la esperanza: la transformación social de Higlis Valencia en Urabá
En una de las regiones más afectadas por décadas de violencia en Colombia, una mujer ha convertido su dolor personal en una poderosa herramienta de transformación social. Higlis Valencia, originaria del Urabá antioqueño, ha creado iniciativas que están cambiando la vida de decenas de mujeres víctimas del conflicto armado.
Una infancia marcada por la violencia y las carencias
La historia de Higlis Valencia está profundamente entrelazada con la realidad del conflicto colombiano. Creció en una casa de madera con piso de tierra, donde las necesidades económicas eran constantes y la sombra de la violencia siempre presente. El punto de inflexión llegó cuando el conflicto armado le arrebató a su abuelo, un hombre trabajador que era el sustento de la familia.
"Somos víctimas del conflicto armado porque la guerra nos arrebató la vida de mi abuelo, un hombre trabajador y luchador que daba todo por su familia. De ahí empezamos a tener muchas necesidades", relata Higlis con la claridad de quien ha procesado el dolor para convertirlo en acción.
La determinación que cambió un destino
Desde muy joven, Higlis se propuso romper el ciclo de pobreza y violencia que había marcado su infancia. Con una disciplina admirable, estudió, trabajó y ahorró durante años, siempre con la visión clara de que su historia sería diferente. Esta determinación no solo le permitió construir un futuro para sí misma, sino que sembró la semilla de lo que vendría después.
El regreso con propósito: restaurante y fundación
Tras años de esfuerzo personal, Higlis regresó a su región natal con una misión transformadora. Su primera iniciativa fue establecer un restaurante que comenzó desde cero, con apenas seis empleados. Hoy, este establecimiento emplea a más de nueve mujeres cabeza de hogar, proporcionando sustento económico y estabilidad a sus familias.
Pero su visión iba más allá. Al reconectarse con su territorio, Higlis identificó las necesidades más urgentes de las comunidades rurales más apartadas. Fue entonces cuando creó la Fundación Soy Víctima Soy Esperanza de Vida, una organización que lleva proyectos productivos directamente a las veredas del Urabá antioqueño.
Impacto tangible en la vida de las mujeres
La fundación de Higlis ha logrado resultados concretos y medibles:
- Beneficia directamente a 20 familias de la región
- Proporciona capacitaciones especializadas a mujeres víctimas
- Ofrece recursos y acompañamiento para emprender
- Genera oportunidades económicas sostenibles
"La fundación principalmente beneficia a mujeres víctimas del conflicto armado", explica Higlis, destacando el enfoque específico de su trabajo. "Estamos trayendo esperanza no solamente para una mamá sino también para los hijos", añade, reconociendo el impacto intergeneracional de su labor.
La motivación que impulsa el cambio
Detrás de esta incansable labor social hay una motivación profundamente personal: sus hijos Juan José y Elena. Ellos representan la razón por la cual Higlis no se detiene, la inspiración que la mantiene trabajando día tras día en múltiples frentes.
Su rutina diaria es un testimonio de compromiso:
- Gestión del restaurante que sostiene a familias vulnerables
- Coordinación de proyectos de la fundación en veredas apartadas
- Búsqueda constante de alianzas y recursos para ampliar el impacto
- Acompañamiento directo a las mujeres beneficiarias
Un modelo replicable de transformación social
La historia de Higlis Valencia demuestra que incluso en las regiones más golpeadas por la violencia y la pobreza, es posible construir alternativas de vida digna. Su trabajo combina elementos clave para el desarrollo comunitario:
- Empoderamiento económico a través del restaurante
- Formación y capacitación mediante la fundación
- Acompañamiento psicosocial a víctimas del conflicto
- Sostenibilidad a través de proyectos productivos
En el Urabá antioqueño, donde la historia reciente ha estado marcada por el conflicto, Higlis Valencia está escribiendo un nuevo capítulo. Un capítulo donde el dolor se transforma en esperanza, donde las víctimas se convierten en agentes de cambio, y donde cada mujer apoyada representa un paso más hacia la reconstrucción del tejido social de una región que merece paz y prosperidad.



