El secuestro que conmocionó al mundo de la música popular colombiana
Giovanny Ayala, uno de los máximos exponentes del género popular en Colombia, vivió en diciembre uno de los capítulos más dolorosos de su existencia: el secuestro de su hijo, Miguel Ayala, quien permaneció once días privado de la libertad tras una presentación artística en el departamento del Cauca. Meses después de este dramático episodio, el joven artista rompió finalmente el silencio en una entrevista exclusiva concedida a la emisora La Kalle, donde entregó detalles inéditos sobre cómo vivió el cautiverio y el momento crucial de su liberación.
Una carrera musical ensombrecida por la tragedia
Giovanny Ayala, nacido en Granada, Meta, ha construido una sólida y reconocida carrera musical con canciones de despecho y relatos cotidianos que lo posicionan como un auténtico referente de la música popular colombiana. Sin embargo, todo su éxito artístico quedó abruptamente en segundo plano cuando se confirmó el secuestro de su hijo. Miguel Ayala, quien decidió seguir los pasos profesionales de su padre en el ámbito musical, fue abordado junto a su equipo de trabajo inmediatamente después de una presentación en el Cauca.
Lo que inicialmente parecía un simple robo terminó convirtiéndose en un secuestro que mantuvo en vilo a toda su familia y a miles de seguidores a nivel nacional. Durante esos once interminables días, las oraciones fervientes y los mensajes masivos de apoyo inundaron constantemente las redes sociales, mientras sus familiares más cercanos pedían públicamente por su pronta y segura liberación.
"Fue de película": el relato detallado de Miguel Ayala
En un diálogo emotivo y revelador con La Kalle, el joven artista recordó con precisión los momentos de angustia extrema que marcaron su vida para siempre. "Yo pensé que era simplemente un robo, pero todo fue de película. Me ordenaron agachar la cabeza inmediatamente. Yo tenía el bolso aquí entonces era la plata, la plata y yo: no tenemos, llévese todo, llévese el celular", relató con voz entrecortada.
Según su testimonio directo, tras ser interceptados fueron obligados a caminar durante aproximadamente una hora completa por terrenos sumamente difíciles: agua estancada, piedras filosas y largas distancias que aumentaban progresivamente el miedo y la incertidumbre. "Eso no se lo desea uno ni al peor enemigo", confesó con visible emoción.
Miguel explicó detalladamente que incluso pidieron que les cubrieran el rostro con bolsas plásticas para evitar ver directamente a sus captores y, según sus propias palabras, esa decisión aparentemente simple terminó siendo clave para su supervivencia. Los secuestradores les advirtieron explícitamente que, si las autoridades intentaban rescatarlos por la fuerza, los matarían de inmediato sin contemplaciones.
El momento más impactante y dramático llegó finalmente durante la liberación. "Yo de una escuché el tiro y me agaché instintivamente y yo decía internamente: ¿son buenos o malos? Nos apuntaron directamente y ya nos decían 'bienvenidos a la libertad'", recordó con claridad.
Secuelas emocionales profundas tras el cautiverio
Aunque el joven recuperó su libertad física, este traumático episodio dejó profundas y duraderas secuelas emocionales tanto en él como en toda su familia nuclear. Durante todo el tiempo que permaneció desaparecido, los detalles oficiales fueron escasos y confusos, lo que incrementó exponencialmente la angustia colectiva.
Para Giovanny Ayala, ampliamente reconocido por éxitos musicales que han marcado generaciones enteras dentro de la música popular colombiana, este episodio representó una prueba personal devastadora que trascendió completamente cualquier escenario artístico. En la actualidad, padre e hijo continúan enfocados profesionalmente en sus respectivas carreras musicales, pero el recuerdo vívido de esos once días críticos permanece como una experiencia límite que transformó radicalmente sus vidas y perspectivas.