Pentágono evalúa despliegue terrestre en América Latina: 'Bombardeos son apenas el comienzo'
Los altos mandos del Pentágono han advertido que los recientes bombardeos contra lanchas del narcotráfico en el Caribe y el Pacífico podrían ser solo el comienzo de una campaña más agresiva contra el crimen organizado, que podría incluir operaciones terrestres en países latinoamericanos e incluso el envío de tropas estadounidenses a la región.
Operación Espada del Sur: una misión de largo aliento
Durante una audiencia ante el Comité para los Servicios Armados de la Cámara de Representantes, Joseph Humire, subsecretario de Defensa para la Seguridad Nacional, describió los ataques contra embarcaciones sospechosas como parte de la Operación Espada del Sur, una misión de largo plazo que, según afirmó, ha contribuido a "salvar vidas estadounidenses" y reforzar las políticas de seguridad fronteriza del presidente Donald Trump.
"Esto es apenas el comienzo", afirmó Humire al explicar que el Pentágono evalúa ampliar las operaciones más allá del mar, incluyendo posibles ataques contra rutas y escondites de carteles en tierra, en coordinación con fuerzas locales de países aliados.
Cifras controvertidas y críticas demócratas
Según datos del Departamento de Defensa, desde septiembre al menos 157 personas han muerto en 45 bombardeos contra lanchas vinculadas al narcotráfico en aguas cercanas a Suramérica. Paralelamente, más de 15.000 militares estadounidenses han sido desplegados en la región en misiones de interdicción, entrenamiento y control de rutas.
Humire aseguró que la campaña ya muestra resultados, con una caída del 20% en el tráfico de embarcaciones sospechosas en el Caribe y del 25% en el Pacífico oriental desde el inicio de las operaciones. Sin embargo, estas afirmaciones fueron rápidamente cuestionadas por legisladores demócratas.
El representante Adam Smith, demócrata de California y principal miembro de la minoría en el comité, advirtió que esas cifras no necesariamente se traducen en una reducción del flujo de drogas hacia Estados Unidos, sino que podrían reflejar simplemente un cambio de rutas por parte de las organizaciones criminales hacia corredores menos vigilados.
Preocupaciones legales y estratégicas
Las críticas también apuntaron al carácter abierto de la operación, sin un objetivo claro de victoria ni una fecha de finalización definida, lo que evocó para algunos legisladores el fantasma de las llamadas "guerras eternas" que Washington intenta evitar en los últimos años.
El representante Gil Cisneros comparó la lógica de la disuasión con un escenario doméstico para ilustrar sus reparos legales: "Podríamos disparar contra sospechosos en las calles aquí en Estados Unidos y tal vez eso tendría un efecto disuasivo, pero eso no lo hace legal", dijo durante la audiencia.
Defensa republicana y posibles escenarios futuros
Frente a estas críticas, Humire defendió la estrategia argumentando que "la disuasión tiene un efecto de señalización sobre los narcoterroristas y eleva los riesgos de sus movimientos". El funcionario confirmó que Estados Unidos ya comenzó operaciones conjuntas en tierra con las fuerzas de países aliados, mencionando en particular acciones recientes con el ejército ecuatoriano.
Sin embargo, evitó descartar la posibilidad de que, en el futuro, Washington actúe de manera unilateral en territorio de países sudamericanos y no quiso descartar el envío de tropas a otros países, lo que generó inquietud entre varios miembros del comité.
Del lado republicano, hubo un amplio respaldo a la estrategia. El presidente del comité, Mike Rogers, defendió la necesidad de abordar el problema en su origen: "Defender el territorio nacional no se detiene en nuestras fronteras. También requiere confrontar las amenazas en su fuente", sostuvo.
División política y contexto regional
La audiencia evidenció una creciente división en el Congreso estadounidense sobre el rumbo de la política de seguridad en América Latina, en momentos en que el país ya enfrenta una presión militar significativa debido al conflicto en Medio Oriente.
Esta situación plantea interrogantes fundamentales sobre hasta dónde está dispuesto a llegar Washington en su lucha contra el narcotráfico más allá de sus fronteras, y cómo se articularán estas operaciones con los gobiernos de la región en un contexto de creciente tensión geopolítica.
Mientras la administración Trump mantiene un fuerte despliegue militar en aguas del Caribe, la posibilidad de operaciones terrestres abre un nuevo capítulo en la compleja relación entre Estados Unidos y América Latina en materia de seguridad y soberanía nacional.



