Una nueva investigación publicada en la revista Royal Society revela que la disminución del tamaño cerebral en los perros ocurrió miles de años después de su domesticación, y no en las primeras etapas como se creía anteriormente. Este hallazgo desafía las teorías establecidas sobre la evolución del cerebro canino.
El proceso de domesticación y el tamaño cerebral
La reducción del tamaño del cerebro es una de las consecuencias biológicas más documentadas de la domesticación en mamíferos. Entre ellos, los perros han experimentado la disminución más pronunciada, con un promedio estimado del 20 al 30%. Sin embargo, los mecanismos y el momento exacto de este cambio han permanecido poco claros.
El estudio, liderado por un equipo internacional de científicos, analizó datos de lobos y perros modernos, así como de ejemplares prehistóricos que abarcan desde hace aproximadamente 35,000 años hasta el Neolítico tardío, hace unos 5,000 años. Los investigadores midieron el volumen del endocráneo, es decir, el espacio dentro del cráneo que ocupa el cerebro, como una estimación del tamaño cerebral.
Hallazgos clave del estudio
Uno de los resultados más sorprendentes es que los primeros "protoperros" —cánidos con rasgos intermedios entre lobos y perros domésticos— no tenían cerebros más pequeños que los lobos de su época. Esto sugiere que, en las primeras etapas de la relación con humanos, no hubo una reducción del tamaño cerebral, e incluso podría haber ocurrido un ligero aumento debido a los nuevos desafíos de vivir cerca de los humanos, como la adaptación a su entorno y la disponibilidad de alimento.
Sin embargo, el patrón cambió drásticamente miles de años después. El estudio encontró que, entre hace 5,000 y 4,500 años (Neolítico tardío), los perros mostraron una reducción significativa del tamaño cerebral, de aproximadamente el 46% en comparación con los lobos contemporáneos. Este tamaño es similar al de algunas razas pequeñas actuales. Los autores interpretan este cambio como una posible señal de selección temprana por comportamiento, donde los humanos pudieron haber favorecido ciertos rasgos conductuales en los perros.
Implicaciones y limitaciones
Los investigadores sugieren que esta reducción podría estar asociada a cambios en el temperamento de los perros, como una mayor cautela o alerta, útil en asentamientos humanos para detectar amenazas. No obstante, reconocen que esta hipótesis requiere más evidencia y que se necesitan estudios adicionales con restos de perros y lobos de distintos periodos, especialmente en Europa.
El estudio también advierte que el volumen endocraneal es solo una aproximación al tamaño cerebral y no refleja cambios en partes específicas del cerebro ni adaptaciones conductuales. Futuras investigaciones deberán utilizar técnicas más avanzadas para analizar la anatomía cerebral y su relación con el cráneo.
Este trabajo proporciona nuevas perspectivas sobre la evolución del cerebro canino y destaca la complejidad de los efectos de la domesticación en los perros.



