Misterio del 'orbe dorado' en el océano resuelto: es una anémona
Misterio del 'orbe dorado' resuelto: es una anémona

El misterioso orbe dorado hallado en 2023 en el fondo del océano finalmente tiene explicación. Científicos lograron identificar el enigmático objeto encontrado a más de 3.000 metros de profundidad en el golfo de Alaska como una anémona de aguas profundas.

Un hallazgo desconcertante en las profundidades

Durante el verano de 2023, investigadores a bordo del buque Okeanos Explorer de la NOAA detectaron un objeto inusual a más de tres kilómetros bajo la superficie del golfo de Alaska. Las cámaras del vehículo operado remotamente Deep Discoverer captaron una pequeña esfera dorada adherida a una roca, lo que generó múltiples hipótesis entre los científicos, según se escucha en la transmisión en directo publicada por NOAA ese mismo año.

El espécimen fue recolectado mediante el brazo robótico del vehículo y enviado al Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian. Allí, especialistas iniciaron un análisis que se extendió por más de dos años debido a la complejidad del caso.

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Un desafío de clasificación biológica

Según información de NOAA Fisheries, el objeto no presentaba la estructura anatómica típica de un organismo. Sin embargo, contenía cnidocitos, células características de corales y anémonas. La científica Abigail Reft identificó estos como espirocistos, propios de la clase Hexacorallia, lo que ofreció una primera pista sobre su posible origen.

Las pruebas iniciales de ADN no arrojaron resultados concluyentes debido a la presencia de microorganismos que interferían en el análisis. “Trabajamos con cientos de muestras diferentes y sospechaba que nuestros procesos rutinarios aclararían el misterio”, explicó Allen Collins, del Laboratorio Nacional de Sistemática de NOAA Fisheries.

La clave estuvo en el genoma completo

La identificación definitiva se logró mediante secuenciación de genoma completo. Los resultados mostraron una coincidencia cercana con Relicanthus daphneae, una anémona de aguas profundas descrita en 2006. Para confirmar el hallazgo, los científicos compararon el material con otro espécimen recolectado en 2021 por el Instituto Oceanográfico Schmidt, cuyos genomas resultaron prácticamente idénticos.

De acuerdo con lo publicado en un estudio preliminar en bioRxiv, el orbe correspondería a una cutícula, una capa externa compuesta principalmente de quitina. Este material también está presente en estructuras como los exoesqueletos de insectos.

Un fenómeno aún en estudio

Los investigadores consideran que esta estructura podría ser parte de la base de la anémona, utilizada para adherirse al sustrato. Observaciones en el entorno natural sugieren que la cutícula puede desprenderse a medida que el organismo se desplaza.

Otra hipótesis plantea que podría tratarse de un vestigio de reproducción asexual, mediante un proceso conocido como laceración pedal. No obstante, los científicos señalan que esta posibilidad aún no ha sido confirmada para esta especie.

Además, la presencia de abundantes microorganismos en la estructura sugiere que podría desempeñar un papel en procesos ecológicos como el ciclo del nitrógeno, actuando como un punto de actividad microbiana.

Un recordatorio de lo desconocido

El caso del llamado orbe dorado pone de relieve los desafíos de la exploración oceánica. Según declaraciones del capitán William Mowitt, director interino de Exploración Oceánica de la NOAA, el uso de técnicas avanzadas permite resolver este tipo de enigmas, aunque muchos aún persisten en las profundidades.

A profundidades que superan los 3.000 metros, donde predominan la oscuridad, el frío y la alta presión, el conocimiento científico sigue siendo limitado. Mientras tanto, el Okeanos Explorer se prepara para nuevas misiones, con próximas expediciones previstas frente a Hawái.

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