El trabajo más peligroso del mundo: así es la rutina en Chernóbil
El trabajo más peligroso del mundo en Chernóbil

Rutina extrema bajo el reactor 4 de Chernóbil

Anatolii Doroshenko, investigador del Instituto para los Problemas de Seguridad de las Centrales Nucleares, realiza al menos una vez al mes recorridos por los pasadizos subterráneos del reactor 4 de Chernóbil, en Ucrania, que fue destruido tras la explosión del 26 de abril de 1986. Su labor consiste en inspeccionar equipos, recolectar datos y monitorear el estado del combustible nuclear en un entorno altamente contaminado por radiación.

Un laberinto radiactivo a 10 metros de profundidad

A unos 10 metros bajo el reactor 4 se extiende una red de salas y corredores que sobrevivieron al accidente nuclear. "Es como un gran laberinto bajo el reactor", explicó Doroshenko a BBC. En ese espacio, cada superficie —paredes, aire, equipos y suelo— presenta contaminación radiactiva. El trabajo del investigador incluye revisar instrumentos, instalar medidores y tomar muestras en condiciones limitadas por el tiempo. En algunas áreas, la exposición obliga a permanecer menos de cuatro minutos, mientras que en otras no es posible detenerse debido a los niveles de radiación.

Corio y zonas inaccesibles

El interior del reactor alberga aproximadamente 200 toneladas de combustible nuclear, según datos del Organismo Internacional de Energía Atómica. Parte de este material se transformó en corio tras la explosión, una sustancia formada por la fusión del combustible con estructuras del reactor a temperaturas extremas. Estas formaciones, similares a lava solidificada, se han filtrado por las ruinas. Una de las más conocidas es la denominada “pata de elefante”, considerada altamente radiactiva. Gran parte del combustible permanece en zonas a las que el acceso humano es imposible debido al hormigón y a los niveles de radiación.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

Protocolos de seguridad y control emocional

Para ingresar al área, los trabajadores utilizan múltiples capas de protección, incluyendo respiradores y trajes especiales. Al salir, deben pasar por controles de descontaminación, duchas obligatorias y mediciones para detectar partículas radiactivas en el cuerpo. Doroshenko señaló que el control emocional es clave en estas condiciones: "El miedo te ayuda a mantener el control y seguir las indicaciones". También advirtió que acostumbrarse al entorno puede incrementar el riesgo al reducir la percepción del peligro.

El desafío de contener Chernóbil

El reactor está cubierto por un sarcófago y, a su vez, por el Nuevo Confinamiento Seguro, una estructura diseñada para aislar la radiación durante aproximadamente 100 años. Sin embargo, el monitoreo constante sigue siendo necesario para evitar procesos incontrolados en el combustible nuclear. "Si personas como nosotros dejamos de bajar ahí se iniciará un proceso incontrolado", afirmó el investigador. Su labor forma parte de los esfuerzos para mantener la estabilidad del sitio y comprender la evolución del material radiactivo.

Décadas de trabajo por delante

La recuperación del combustible nuclear podría tomar varias décadas. Mientras tanto, los equipos científicos continúan realizando mediciones indirectas para evaluar los riesgos, debido a la imposibilidad de acceder directamente al núcleo del reactor. Doroshenko, quien lleva más de una década en este trabajo, aseguró que continuará con sus recorridos mientras sea necesario. También destacó la importancia de mantener la atención internacional sobre el sitio: "Chernóbil no debe ser olvidado".

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar