Reveladoras conversaciones judiciales exponen doble juego de alias Calarcá durante procesos de paz
Información judicial de alto impacto ha salido a la luz pública, demostrando que alias Calarcá, reconocido líder de grupos disidentes, habría estado ordenando crímenes y coordinando actividades ilícitas mientras simultáneamente participaba en mesas de diálogo con el Gobierno Nacional. Esta revelación pone en entredicho la sinceridad de los procesos de negociación y plantea serias preguntas sobre la viabilidad de futuros acuerdos.
Pruebas contundentes: chats exhiben órdenes criminales específicas
Noticias Caracol ha tenido acceso exclusivo a conversaciones digitales donde el criminal habría impartido instrucciones detalladas para cometer actos delictivos. Uno de los casos más graves data del 6 de enero de 2024, precisamente durante un período de cese al fuego pactado con el Ejecutivo nacional.
En esos mensajes, alias Calarcá habría ordenado a un subalterno identificado como Chalá el asesinato de un excombatiente y firmante del acuerdo de paz. La motivación aparente: declaraciones en contra del líder disidente. Las conversaciones exhiben un lenguaje crudo y despiadado que deja poco espacio a la interpretación.
"¿Y todavía me nombra a mí? A ese hp nunca lo he visto. ¿Y tiene más familia por ahí? (...) un tío, pero dice que no sabe por qué ese tipo está por acá (...) Maten a ese tipo. ¿No tiene mujer e hijo en la casa? (...) Mujer sí, pero hijos no. Pero no se dieron cuenta a qué hora nos lo trajimos (...) Jmmm, mátenlo y lo dejan por ahí, que lo recojan"
Según las investigaciones, la víctima sería Juan Gabriel Hurtado Betancour, cuyo destino quedó sellado por estas órdenes directas. Las conversaciones incluso mencionarían el envío de imágenes del cuerpo sin vida, aunque los medios han decidido no publicarlas por respeto a la dignidad humana.
Reclutamiento de menores: otro capítulo oscuro
Las revelaciones no se limitan a asesinatos. Los chats también documentarían el reclutamiento forzado de una menor de edad, específicamente una niña de 14 años identificada como Yurelli, procedente del municipio de Uribe en el departamento del Meta.
En los mensajes, alias Mueco informaría a Calarcá sobre la incorporación de la adolescente a las filas del grupo ilegal, proporcionando detalles personales como su nivel educativo (octavo grado), estado de salud y situación familiar. Este caso evidencia la continuidad de prácticas que violan flagrantemente los derechos humanos más básicos.
Reacción institucional: Fiscalía considera reactivar orden de captura
Ante estas pruebas contundentes, la Fiscalía General de la Nación evalúa reactivar la orden de captura contra alias Calarcá. Los hallazgos en dispositivos electrónicos demostrarían una actividad criminal incompatible con cualquier proceso de paz genuino.
La fiscal general Luz Adriana Camargo ha sido enfática al respecto: "Encontramos el asesinato de un líder social. Y lo que encontramos ahí fue exactamente la conversación escrita que tiene con el chat que tiene con el ejecutor material de ese homicidio y luego la evidencia de que esa muerte por orden de él se habría ejecutado".
Esta declaración subraya la naturaleza probatoria de las conversaciones, que conectan directamente las órdenes con su ejecución material, eliminando cualquier duda sobre la responsabilidad del líder disidente.
Implicaciones para el proceso de paz
Las revelaciones plantean interrogantes fundamentales sobre la credibilidad de los diálogos con grupos armados ilegales:
- ¿Cómo garantizar la buena fe de los negociadores cuando existen pruebas de actividades criminales paralelas?
- ¿Qué mecanismos de verificación pueden implementarse para prevenir este tipo de situaciones?
- ¿Cómo afecta esto la confianza pública en los procesos de paz?
Los casos documentados incluyen no solo el asesinato de un firmante de paz, sino también el reclutamiento de menores, dos violaciones graves que contradicen cualquier discurso de reconciliación. La Fiscalía ha emitido un ultimátum claro: si el Gobierno no toma decisiones contundentes, procederá con la reactivación de la orden de captura.
Este escenario coloca al Ejecutivo en una posición delicada, balanceando la necesidad de avanzar en procesos de paz con la obligación de hacer cumplir la ley y proteger a los ciudadanos. Las conversaciones reveladas no dejan lugar a dudas: mientras se dialogaba, se planificaban y ejecutaban crímenes.



