La violencia volvió a golpear al norte del Cauca y dejó en evidencia la fragilidad de las medidas de contención. En medio de los recientes ataques, que incluyeron la quema de un vehículo de carga, el ambiente en la región sigue marcado por el miedo, aunque en las últimas horas no se han registrado nuevos hechos.
Alcalde cuestiona efectividad de las restricciones
Desde Miranda, el alcalde Walter Zúñiga fue directo y lanzó una crítica que resume la frustración local: “Tal vez no sea la mejor medida… no soluciona la situación”, al referirse a decisiones como la ley seca, restricciones de movilidad y cierres comerciales tras los atentados.
Medidas que contienen, pero no resuelven
Las autoridades implementaron un paquete de restricciones para evitar nuevos ataques: ley seca, limitación al parrillero y controles en establecimientos. Según el mandatario, estas acciones ayudaron a recuperar la calma momentáneamente. “Por fortuna, hoy el pueblo amaneció tranquilo”, afirmó. Sin embargo, el propio alcalde dejó claro que se trata de respuestas reactivas que no atacan el problema de fondo.
Zúñiga fue insistente en que el país sigue atrapado en una dinámica repetida: medidas de emergencia cada vez que ocurre un hecho violento, sin cambios estructurales. “Queremos que nuestro país vivamos en paz algún día”, dijo, evidenciando el desgaste de las comunidades frente a una violencia persistente.
El límite del Estado: “No se puede poner un policía por cada ciudadano”
El alcalde también puso sobre la mesa otra realidad: la capacidad institucional es insuficiente frente a la magnitud del conflicto. “No se puede colocar un policía y un soldado para cada ciudadano”, afirmó, al tiempo que pidió mayor autocuidado y solidaridad entre los habitantes. Reconoció que, incluso antes de las medidas oficiales, la gente ya se había resguardado por miedo. Aun así, advirtió que no todos reaccionan de la misma manera: “Hay veces la gente pierde la noción del autocuidado”.
En una zona donde operan grupos armados ilegales, el mensaje es contundente: la seguridad no puede depender únicamente de restricciones temporales. La crítica del alcalde deja ver un punto de quiebre: las medidas actuales contienen la crisis, pero no evitan que se repita.



