Una investigación de The New York Times ha destapado el entramado que permite que oro extraído ilegalmente por el 'clan del Golfo' en Colombia termine convertido en monedas oficiales de Estados Unidos. El reportaje detalla cómo el metal precioso, obtenido en condiciones criminales, logra ingresar a la cadena de suministro de la Casa de la Moneda estadounidense.
El origen: minas ilegales en Caucasia
El punto de partida de esta ruta del oro se encuentra en La Mandinga, una zona de explotación minera en las afueras de Caucasia, Antioquia. Allí, el 'clan del Golfo' impone sus reglas: ningún minero puede trabajar sin autorización del grupo y cada uno debe pagar una cuota mensual. La extracción se realiza con retroexcavadoras y chorros de agua a presión, convirtiendo la tierra en lodo del que se separan partículas de oro usando mercurio, un método ilegal y altamente contaminante.
El proceso de legalización
El Times revela cómo el oro consigue ser "legalizado". Los mineros venden pequeñas amalgamas a comerciantes locales en Caucasia, donde el metal es fundido y registrado como si proviniera de barequeros inscritos ante la Agencia Nacional de Minería. En teoría, esas licencias son para minería manual en zonas autorizadas y sin uso de mercurio, pero en la práctica sirven para otorgar documentación formal a oro producido en condiciones ilegales.
De Colombia a Texas: el blanqueo internacional
Una vez legalizado, el oro viaja a Estados Unidos, especialmente a Texas. Allí llega a refinadoras como Dillon Gage en Dallas, donde el oro colombiano se funde junto con oro reciclado de joyerías, casas de empeño y otros proveedores internacionales. Una vez mezclado, el metal se considera por la industria como producto estadounidense porque fue refinado dentro del país.
Esta lógica permite que oro vinculado al grupo criminal liderado por alias Chiquito Malo entre a la cadena de suministro de proveedores que abastecen a la Casa de la Moneda. Dillon Gage reconoció al periódico que dos de los principales proveedores del organismo compraban oro procesado por la compañía.
La 'alquimia moderna' y la falta de supervisión
La investigación describe este proceso como una forma de "alquimia moderna": primero se borra el rastro criminal mediante documentación y luego se camufla el origen extranjero mediante mezcla industrial. Para cuando el metal llega a West Point, en Nueva York, donde la Casa de la Moneda fabrica monedas de inversión, su trazabilidad es prácticamente imposible.
Una auditoría del inspector general del Departamento del Tesoro encontró que durante dos décadas la Casa de la Moneda ni siquiera preguntó a sus proveedores de dónde procedía el oro. Tampoco verificó el cumplimiento de un mecanismo de "compensación" que exigía equilibrar el oro extranjero con compras de oro estadounidense, un esquema que ni siquiera está previsto en la legislación.
Reacción del Tesoro y dudas sobre la legalidad
Tras la publicación del reportaje, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció una revisión de los proveedores y prometió verificar que cumplan la norma. Sin embargo, el propio informe advierte que cortar por completo el uso de oro extranjero podría dificultar atender la demanda actual.
La revelación pone en duda la promesa detrás del oro que compra Estados Unidos: que proviene de fuentes legales y libres de violencia. Desde 1985, una ley exige que las monedas de la Casa de la Moneda se fabriquen con oro extraído en territorio estadounidense, justamente para evitar que el Estado termine conectado con abusos a los derechos humanos o economías criminales.



