Rosas colombianas y migrantes: paradojas de la globalización en Barcelona
Rosas colombianas y migrantes: paradojas globales

La semana pasada se vivió un curioso fenómeno en las calles de Barcelona. Como cada 23 de abril se celebraba el Día del Libro, conocido aquí como Sant Jordi (San Jorge), siendo tradicional intercambiar libros por rosas a modo de celebración. La mayoría de esas rosas que llenaron las calles y las casas de Barcelona eran colombianas. Como colombianos eran gran parte de los inmigrantes en situación irregular que, ese mismo día, hacían fila en las oficinas que la semana pasada abrieron sus puertas para facilitar la regularización de extranjeros no documentados en España.

Millones de rosas colombianas y miles de nacionales colombianos

Sin las unas, no se podría celebrar una festividad profundamente arraigada en estas tierras. Sin los otros, gran parte de la economía local se paralizaría por falta de mano de obra. Paradojas de la globalización: las flores no necesitan documentación, los seres humanos sí. En realidad, las rosas también necesitan papeles para cruzar la frontera, pero me reconocerán que la frase era bonita.

Las curiosas imágenes del mundo actual

En todo caso, son las curiosas imágenes que nos ofrece el mundo actual. Colombia se ha convertido en un país exportador de materias primas en la más extrema de sus acepciones. No sólo exporta objetos, sino que esencialmente exporta personas. Jóvenes que llegan con un billete de avión y la excusa de un viaje de turismo o una estancia de estudios, y se quedan a vivir entre nosotros.

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A Dios gracias, porque sin ellos no habría nadie en multitud de ámbitos laborales que los españoles no desean cubrir. Es lo malo del Estado Social, que es tan protector con los menos favorecidos, que no pocos de ellos optan por dejarse proteger y prefieren no trabajar. Y para cubrir los millones de puestos de trabajo que en España nadie quiere se necesita sangre joven. Y aquí llegan, entre otros, los colombianos.

La hipocresía del sistema

La hipocresía del sistema les deja entrar en el país, aunque no tengan los papeles requeridos (lo he visto literalmente en primera fila) a sabiendas de que les tendrá algunos años trabajando en negro, hasta que los regularice en un proceso que, como el actual, se producirá inevitablemente cada varios años. ¡La máquina necesita carne fresca!

Y, mientras eso sucede, los biempensantes e infantilizados españoles se regalan rosas y libros unos a otros (voluntariamente) ajenos al drama cotidiano de quien cuida de sus abuelos, de quien sirve sus cafés y de quien limpia sus casas. Es la globalización. Es lo mismo de siempre con otro nombre.

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