Pánico y silencio: periodistas relatan ataque en cena de Trump
Pánico y silencio: periodistas relatan ataque en cena de Trump

Habían servido la ensalada. El presidente Donald Trump estaba en el estrado, listo para pronunciar su discurso en la cena anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca —la primera a la que accedía como mandatario—, cuando el sonido de varios disparos rompió la normalidad de la velada. Lo que vino después quedó grabado en la memoria de cada uno de los más de 2.000 asistentes que esa noche ocupaban el salón de baile del Washington Hilton.

Confusión inicial

La confusión fue el primer síntoma. David Alandete, corresponsal del diario ABC y la Cadena COPE, describió que los primeros ruidos no encendieron ninguna alarma inmediata. "Habían servido la ensalada y escuchamos unos ruidos. Pensé que era como si hubiera caído una bandeja, algo que el propio Donald Trump mencionó después", relató.

María Carou, corresponsal de RNE, tuvo una percepción similar. "De repente se escuchan como cuatro o cinco disparos que yo, en el momento, no fui muy consciente de lo que eran porque sonaron como si fueran petardos o cohetes de feria", explicó. Fue cuestión de segundos para que la incertidumbre se disipara: "Al segundo, entró corriendo el equipo de seguridad, cerrando las puertas, y aparecieron los agentes del Servicio Secreto con sus rifles gigantes, con esos cascos y miras telescópicas que llevan". Su colega Cristina Olea, corresponsal de TVE, añadió que en ese instante "si a alguien le quedaba alguna duda de qué era el sonido que acabábamos de escuchar, se disiparon esas dudas enseguida".

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María Molina, corresponsal en Washington de La FM, describió una experiencia parecida: escuchó "una ráfaga de disparos muy rápido" en un ambiente que dificultaba la comprensión inmediata de lo que ocurría. "Uno realmente no entiende qué es lo que está pasando", dijo.

Reacción colectiva: al suelo

La reacción colectiva fue casi simultánea. Según Molina, tras las detonaciones empezó a escucharse entre los asistentes la instrucción de echarse al suelo: "empieza uno a ver gente diciendo al piso, al piso, al piso". Los agentes del Servicio Secreto reforzaron esa orden con un contundente "down, down, down" (al piso, al piso, al piso). En cuestión de instantes, cientos de personas buscaron refugio debajo de las mesas.

Alandete fue testigo de la escena. "Vi cómo todo el mundo se tiraba al suelo. Pensé que estaban disparando a gente, pero en realidad era la gente protegiéndose", contó. Olea describió la atmósfera de esos momentos como una mezcla de pánico y desorientación: "Fueron momentos de pánico, sobre todo esa sensación de peligro que corría de pronto por la sala y todos preguntándonos cómo podía haber ocurrido algo así, en un evento tan vigilado y con tantas autoridades". La incertidumbre sobre el origen de los disparos agravó la tensión: "Durante algunos minutos no teníamos muy claro qué estaba ocurriendo y si los disparos habían sido dentro de la sala o fuera, porque sonaron muy, muy cerca".

Carou reconoció haber sido una de las pocas que no se echó al suelo, aunque no por valentía. "Yo no me metí debajo de la mesa no por valentía, sino porque no tengo ese mecanismo mental automatizado para hacerlo. En este país, las personas están preparadas para los tiroteos, las preparan en el colegio y hacen simulacros y, en cambio, los corresponsales extranjeros, ignorantes un poco de eso, nos quedamos sentados", explicó con honestidad.

Incertidumbre sobre los agresores

Mientras permanecían agachados, los periodistas observaban el movimiento de personas armadas dentro del salón sin poder identificar con certeza quiénes eran. Molina relató que alcanzó a ver "muchas personas entrando a la sala, muchos hombres armados", pero reconoció que en ese momento "uno no sabe si son los buenos o los malos". La incertidumbre se extendía también a lo que podía haber más allá de lo visible: "No sabíamos si había más adentro, no sabíamos si había explosivos", admitió.

En medio de esa angustia, varios periodistas no dejaron de trabajar. Intentaron contactar con sus redacciones para reportar en tiempo real, aunque, como relató Carou, la cobertura era imposible: "No había cobertura de ningún tipo porque estábamos en un salón en el sótano y por los inhibidores de seguridad".

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Evacuación y espera

En algún punto de esos minutos frenéticos, corrió entre los asistentes la noticia de que Trump había sido evacuado. Según Molina, fue esa confirmación la que permitió posteriormente la salida ordenada del recinto. Eduard Rivas, corresponsal de la Agencia EFE, describió el momento en que la sala se selló y el silencio reemplazó el caos: "Llegó un punto donde nosotros mismos nos dimos cuenta de que ya no había ningún riesgo de seguridad, porque la sala estaba sellada". Fue entonces cuando los periodistas se acercaron a los agentes que custodiaban las puertas. "En unos diez minutos, nos dijeron que el hotel era seguro y ya podíamos salir", relató.

Pero muchos no se fueron. Olea explicó que la mayoría de los periodistas se quedaron en el lugar porque inicialmente les informaron que la cena continuaría y que Trump aún tenía intención de dar su discurso. Durante esa espera, fueron "reconstruyendo poco a poco" los hechos. Solo cerca de una hora después les comunicaron que el evento quedaba definitivamente cancelado.

Un zapato perdido y rueda de prensa

Al salir del hotel, Carou reparó en un detalle que capturó la dimensión humana del caos vivido: "De repente había un zapato perdido, dorado con brilli brilli como con diamantes, que doy por hecho que alguien en el momento de confusión dijo 'me voy de aquí corriendo'. Y perdió su zapato, un poco como una cenicienta moderna".

Los periodistas fueron convocados de inmediato a una rueda de prensa en la Casa Blanca, donde Trump ofreció detalles sobre el incidente. "Trump compareció con su pajarita y los periodistas seguían con su traje de gala", recordó Carou, en una imagen que ilustra la velocidad con que la noche pasó de la formalidad al sobresalto.

Seguridad y reflexiones

El episodio —tercer intento de atentado contra Trump en menos de dos años, según precisó Olea— reabrió preguntas sobre los protocolos de seguridad del evento. Carou detalló que el acceso al hotel era relativamente sencillo: bastaba con mostrar la entrada a la cena o la tarjeta de huésped para ingresar y moverse libremente por el establecimiento. El control más estricto estaba ubicado cerca del salón principal, con detectores de metales. Según Molina, el agresor "se trató de pasar todos los filtros de seguridad ya disparando".

Olea subrayó la gravedad potencial de lo ocurrido al señalar que en el mismo salón se encontraban Trump, su vicepresidente JD Vance y numerosas autoridades: "Se podría haber hecho mucho daño" si el atentado hubiera prosperado.

Horas después de los hechos, con la información más completa, Carou reflexionó sobre lo vivido con una franqueza desarmante: "Hoy quizá sea un poco más consciente de lo que ocurrió y me da un poco más de miedo, la verdad, haberlo vivido".