Análisis: La inseguridad, un problema existencial para Colombia
Inseguridad: problema existencial para Colombia

La escalada terrorista de los últimos días en los departamentos del Cauca y Valle del Cauca ha dejado un saldo de secuestros, masacres, atentados y profundo dolor. Los civiles son los más afectados y claman por paz. Este panorama contrasta con el lema gubernamental de 'Colombia, potencia mundial de la vida', evidenciando una realidad violenta que no cesa.

Preocupación ciudadana en aumento

La inseguridad encabeza las preocupaciones de los colombianos, según la más reciente encuesta del Centro Nacional de Consultoría para Cambio. El avance de las organizaciones criminales es considerado uno de los tres principales problemas del país, junto con la corrupción y la salud. Mientras la preocupación por estos dos últimos temas disminuyó en abril frente a marzo, la relacionada con el delito subió cerca de cinco puntos porcentuales. También aumentó la percepción de debilidad de la Fuerza Pública para enfrentar el flagelo.

Propuestas insuficientes en campaña

En la campaña presidencial, las propuestas en materia de seguridad no generan entusiasmo entre los especialistas. Jorge Restrepo, profesor de la Universidad Javeriana y director del Cerac, señala que los planteamientos de los tres aspirantes que lideran las encuestas no innovan ni consideran las circunstancias actuales. Prevé que las políticas de seguridad serán pobres en resultados durante el próximo gobierno, independientemente de quién gane. Restrepo advierte que la inseguridad continuará siendo un problema enorme y el crimen organizado seguirá en aumento.

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Las propuestas oscilan entre la 'mano dura' y el diálogo, pero son consideradas incompletas ante un desafío que requiere un enfoque integral y articulado de las instituciones. Es crucial entender que el crimen se adapta a las circunstancias, por lo que se necesita una lectura actualizada de la realidad.

Contexto internacional y regional

La inseguridad no es exclusiva de Colombia. En Ecuador, Perú, México y Chile también es el problema más grave, por encima de las preocupaciones económicas. América Latina alberga menos del 9% de la población mundial, pero concentra el 30% de los homicidios intencionales. La violencia es solo la manifestación más visible de un problema profundo con ramificaciones en toda la región.

Transformación del crimen organizado

María Victoria Llorente, directora de la Fundación Ideas para la Paz, advierte sobre una transformación estructural del crimen. Ya no se trata de carteles jerárquicos y centralizados, sino de ecosistemas criminales fragmentados, flexibles y adaptativos, que se insertan en los territorios mediante cooptación, corrupción y dinámicas de la economía lícita.

Felipe Botero, de la Iniciativa Global contra el Crimen Transnacional Organizado, señala que los mercados de drogas se transforman, con crecimiento en drogas sintéticas y cocaína, lo que involucra directamente a Colombia. Los delitos no violentos, como los financieros y el cibercrimen, aumentan, al igual que la falsificación y el contrabando. Actores privados y extranjeros, como la mafia albanesa, operan en Perú y Ecuador, camuflando narcóticos en exportaciones de banano.

Desafíos para la justicia

En América Latina, los sistemas judiciales enfrentan retrocesos en la lucha contra la impunidad y lentitud en los procesos. La sobrepoblación carcelaria evidencia la incapacidad para procesar, castigar y resocializar detenidos. En Colombia, aunque los homicidios muestran cierta estabilidad, los impactos humanitarios son alarmantes: 1,6 millones de personas afectadas por la violencia en 2025, tres veces más que el año anterior.

Llorente critica que se sigan midiendo capturas e incautaciones, mientras las estructuras criminales gobiernan en múltiples puntos del país. Además, existe una conexión cada vez más estrecha entre lo urbano y lo rural en las dinámicas del crimen organizado.

Respuestas punitivas y sus riesgos

Ante episodios violentos, resurgen los llamados a la mano dura, como el ejemplo de Nayib Bukele en El Salvador. Sin embargo, la respuesta punitiva puede aumentar el autoritarismo y reemplazar el debido proceso. Construir más prisiones incuba problemas, ya que las grandes organizaciones criminales a menudo se originan en las cárceles.

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Los expertos proponen sanciones a integrantes clave de las estructuras delincuenciales, incluyendo contadores y abogados, persecución de flujos financieros ilícitos, aumento de inteligencia y una reforma carcelaria que desmantele las 'universidades del crimen'. Llorente sugiere pasar de capturar más a desarticular mejor, golpear rentas, recuperar la gobernanza territorial, fortalecer capacidades locales, atacar la corrupción y repensar la cooperación internacional.

Un dilema existencial

En Colombia, el desorden administrativo y la captura institucional por parte de actores ilegales parecen aumentar. Denuncias que involucran a entidades como Ecopetrol sugieren que los tentáculos mafiosos se extienden. Quien asuma la presidencia el 7 de agosto deberá llegar con una estrategia completa que incluya liderazgo, medidas de choque y planes de corto, mediano y largo plazo. Por ahora, ese esfuerzo no se ve, y predominan fórmulas trasnochadas y lugares comunes.

Si esto no cambia, la perspectiva es preocupante: más muertes absurdas y peor calidad de vida. Colombia enfrenta un dilema existencial: ser un país viable o un territorio donde los criminales ganen más espacio. La preocupación por la seguridad tiene fundamentos y demanda respuestas efectivas cuanto antes.