El diablo viste a la moda: 20 años de maltrato laboral y genios sin límites
El diablo viste a la moda: 20 años de maltrato laboral

La campaña publicitaria de la nueva entrega de El diablo viste a la moda podría centrarse en el nuevo vestuario de sus icónicos personajes, pero nadie puede negar que lo que ha mantenido la película en el imaginario popular durante los últimos 20 años son las conversaciones sobre el tal diablo, no necesariamente la moda. Lo que a simple vista parece ser el apogeo del chick flick de los años 2000 ha dejado huella como objeto de discusión sobre el maltrato laboral.

La historia de Andrea Sachs y Miranda Priestly

Basada en la novela de Lauren Weisberger, la película narra la historia de la joven Andrea Sachs (Anne Hathaway) trabajando como asistente de Miranda Priestly (Meryl Streep), una poderosa y respetada editora de moda. Aunque el título hace referencia a la crueldad que Miranda ejerce sobre sus empleados, basta mencionar la película para que muchos salgan a defenderla, casi remedando a sus súbditos en la ficción.

“Miranda es una leyenda”, le dicen a Andrea, recordándole que el talento para dirigir una revista viene con un permiso para abusar de sus subordinados. De la misma manera, se ha dicho que, como Andrea trabaja para alguien muy importante, debe actuar acorde y, por ende, aguantar la manipulación, los insultos, los caprichos y las amenazas. No es sorpresa que esta perspectiva prefiera tildar de villano al novio que se frustra ante la manera en que Andrea se deja llevar por su trabajo, aunque se esté convirtiendo en una peor persona.

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El reflejo de la vida real

Tal vez esto estaría limitado a un debate puramente cinematográfico si no fuera porque refleja cómo hablamos de estos mismos temas en la vida real. La misma Miranda está basada en la reconocida editora de Vogue, Anna Wintour. La novela original, escrita por su antigua asistente, confirmó los chismes amarillistas sobre Wintour, explorando el maltrato psicológico y emocional que sufrían sus empleados. Ante cualquier queja, tanto en el libro como en la adaptación y en la vida real, sus sectarios responden con el mismo refrán: “si no te gusta, hay un millón de chicas que matarían por tu puesto”.

Desde la industria audiovisual, este mismo chantaje emocional es muy familiar. Todos los colegas tienen alguna anécdota en la cual sus jefes usaron el prestigio y la competitividad del gremio para obligarlos a aceptar condiciones de trabajo inaceptables. Vale recordar que el productor Harvey Weinstein era conocido por los gritos, amenazas y golpes con los que castigaba a sus empleados desde los años 80. Pero como sus películas eran taquilleras, aclamadas por la crítica y premiadas por la industria, a los empleados inconformes solo se les recordaba lo afortunados que eran de trabajar para semejante magnate. Su reputación no sufrió sino hasta 2017, cuando dos investigaciones revelaron el patrón de depredación sexual del productor. Weinstein usó el mismo poder que le permitía torturar pasantes para acosar sexualmente a más de 100 mujeres que trabajaron con él, fueran secretarias o actrices famosas. El silencio ante un abuso dio paso al otro.

La persistencia del maltrato

Desafortunadamente, estos casos de alto perfil no han logrado acabar con la idea de que los trabajadores simplemente deben callar y aguantar el maltrato. Este mes, por primera vez en sus casi 40 años con la revista, Anna Wintour apareció en la portada de Vogue, acompañada de Meryl Streep, quien nos vuelve a bendecir como Miranda Priestly. La editora, que hace 20 años procuró no atraer atención a la película que la hacía ver tan mal, ahora la acoge. Aunque en 2006 Andrea escogió renunciar a Miranda y dejar su trabajo tóxico atrás, las Mirandas del mundo siguen saliéndose con la suya. Pareciéramos reacios a dejar ir la figura del genio sin límites, aquellos titanes de su industria que maltratan a cualquiera sin consecuencias, pues generan ingresos, reciben reconocimiento y disfrutan del apoyo incondicional de su público.

Director, guionista y desarrollador de cine y televisión. Ensayista cultural en YouTube. Consultor creativo.

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