El caso Epstein revela un nuevo mal: la indiferencia de los poderosos como poder institucional
Caso Epstein: la indiferencia de los poderosos como nuevo mal

El caso Epstein y la evolución del mal contemporáneo

El Departamento de Justicia de Estados Unidos reveló a principios de 2026 millones de archivos del caso Epstein, desatando una nueva ola de análisis sobre la naturaleza del mal en nuestra época. Este desclasificación masiva permite examinar cómo las estructuras de poder contemporáneas han transformado la expresión de la maldad.

De la banalidad del mal a la indiferencia institucionalizada

La filósofa Hannah Arendt identificó en su obra "Eichmann en Jerusalén" lo que denominó "la banalidad del mal". Observó cómo el funcionario nazi Adolf Eichmann, responsable logístico del Holocausto, no actuaba por maldad demoníaca sino por vacío moral y ausencia de reflexión. El aparato burocrático nazi permitía separar la administración estatal del sufrimiento humano, mecanismo que Arendt encontró replicado en sistemas de producción industrial donde se trivializa la vida humana.

Sin embargo, el caso Epstein representa una evolución de este fenómeno. Cuando desaparece la barrera entre Estado y élites privadas, cuando elegimos líderes políticos precisamente por su poder en esferas privadas, nuestra política se subjetiviza. Los vicios personales de los poderosos se confunden con la vida colectiva, y el mal individual se convierte en poder institucional.

La red de Epstein: indiferencia como sistema

Jeffrey Epstein operó en las altas esferas globales, manteniendo contactos que incluían:

  • Miembros de la realeza internacional
  • Intelectuales de renombre como Noam Chomsky
  • Presidentes de países en desarrollo como Andrés Pastrana
  • Figuras políticas y judiciales de múltiples naciones

Su forma de maldad compartía con el mal de Eichmann la indiferencia absoluta hacia el otro, pero con una diferencia crucial: mientras el objetivo nazi era el exterminio sistemático, Epstein parecía moverse por puro placer personal sin teoría articulada del daño.

La declaración de Ghislaine Maxwell resume esta visión: "Eran núbiles, para Jeffrey no eran más que basura". Las víctimas se convertían en seres humanos dispensables, categoría que el pensador Leonidas Donskis identifica como característica de nuestra época.

Trivialización sexual y deshumanización sistemática

El filósofo moral Peter Singer planteó en 1972 un ejemplo esclarecedor: ¿llamaríamos malvada a una persona que ve ahogarse a un niño y no lo auxilia para no mojarse la ropa? Esta persona no tiene intención de dañar, pero su indiferencia puede ser letal.

En el caso Epstein, la sexualidad se convierte en mecanismo de trivialización. Como advertía Kant en 1788, cuando reducimos al otro a mero insumo para nuestros deseos, lo deshumanizamos. Las víctimas de Epstein eran tratadas como "carne de los deseos del consumidor", intercambiadas entre poderosos como dádivas transaccionales para apalancar decisiones políticas o judiciales.

Cuando las víctimas se convertían en obstáculo -como en casos de embarazo no deseado- eran obligadas a abortar para proteger a figuras poderosas de escándalos políticos. El sistema funcionaba con eficiencia burocrática, pero sin la ideología racial o nacionalista que justificaba los campos de concentración.

Un mal adaptado a nuestro tiempo

El mal contemporáneo ya no requiere teorías rimbombantes de defensa nacional o superioridad racial. Basta con una premisa simple: "el otro es desechable... yo no lo soy". Las víctimas sexuales se asemejan a inversionistas que pierden su dinero en fondos de alto riesgo: usadas, desposeídas, sin medios para reclamar y sin acceso a sus victimarios.

La desclasificación de los archivos Epstein revela cómo nuestras instituciones han absorbido esta lógica. Cuando el poder individual se convierte en poder institucional sin mediaciones, cuando los asuntos privados de los poderosos se disfrazan de interés público, creamos las condiciones para que florezca este nuevo tipo de mal: uno que opera no con intención perversa, sino con indiferencia absoluta hacia quienes considera prescindibles.