Mucho catre, poco aquello: Cómo rescatar la intimidad en la rutina de pareja
Mucho catre, poco aquello: rescatar la intimidad en pareja

Mucho catre, poco aquello: Cómo rescatar la intimidad en la rutina de pareja

En su columna Sexo con Esther, la experta Esther Balac aborda una realidad común en muchas relaciones: la cama se convierte en un simple mueble para descansar, perdiendo su potencial como espacio de encuentro íntimo. La autora desarrolla una reflexión profunda sobre cómo el agotamiento diario y la monotonía pueden apagar la chispa del deseo.

La paradoja de la cercanía física

Compartir el lecho no garantiza conexión íntima, advierte Balac. Muchas parejas asumen erróneamente que por dormir juntas cada noche, el aspecto sexual de la relación se mantiene automáticamente. Sin embargo, la realidad muestra que el catre puede transformarse en un simple punto de llegada donde dos personas aterrizan exhaustas, revisan sus dispositivos móviles y se duermen sin interactuar.

"Mientras tanto, en el departamento inferior todo queda en silencio", escribe la columnista, utilizando una metáfora sugerente para referirse a la zona genital. "Como esperando que alguien recuerde que ahí abajo también vive parte importante de la relación".

La rutina como enemigo del deseo

Balac identifica a la monotonía como el principal obstáculo para mantener viva la llama sexual. "La rutina tiene ese talento raro de volver todo demasiado predecible", explica. Los días repetitivos, el cansancio laboral y las preocupaciones cotidianas convierten progresivamente el lecho conyugal en una estación de descanso más que en un lugar de encuentro.

La experta desmitifica algunas creencias comunes: "El problema, casi siempre, no es la edad ni el estrés que tanta gente menciona". El verdadero desafío, según su análisis, radica en que muchas personas dejan de jugar, insinuar y provocar. Cuando desaparece el componente lúdico, el sexo se queda "medio dormido, como un electrodoméstico que nadie vuelve a encender".

Reactivar el deseo con gestos simples

Contrario a lo que podría pensarse, Balac sostiene que el deseo no es complicado de reactivar. A veces bastan pequeños gestos cotidianos: una mirada diferente, una frase con picardía, una risa compartida o una mano que decide explorar más allá de lo habitual. Estas acciones aparentemente menores pueden "despertar la planta baja" y recordar que todavía hay trabajo por hacer en la intimidad.

La columnista introduce un concepto crucial: "la imaginación es un músculo que también se atrofia cuando no se usa". Si las relaciones sexuales ocurren siempre de la misma manera, con idéntica coreografía y a la misma hora, es natural que el entusiasmo desaparezca. El "aquello", como llama al sexo, necesita sorpresa, juego y cierta conspiración doméstica para mantenerse vibrante.

Rescatar el catre de su función meramente utilitaria

El núcleo del mensaje de Balac es una invitación a reconceptualizar la cama como escenario de descubrimiento. "Ese mueble no está ahí solo para descansar ni para que dos personas revisen el celular en silencio", enfatiza. También puede convertirse en un espacio donde la pareja decida, con alegría compartida, que todavía quedan aspectos por explorar juntos.

Cuando esto ocurre, describe la autora, "la planta baja se anima, entra en actividad y la cabeza vuelve a recordar que el coito no es solo biología sino también juego". La alcoba deja de ser simplemente el lugar donde termina el día para transformarse nuevamente en ese espacio donde se descubre —entre risas y deseos— que encontrarse íntimamente resulta mucho más gratificante que simplemente acostarse juntos.

La columna concluye con una reflexión optimista: recuperar el componente lúdico en la sexualidad puede revitalizar significativamente la conexión de pareja, transformando la rutina en oportunidad y el cansancio en complicidad.