La ciencia detrás de las emociones: cómo las películas románticas activan nuestro cerebro
Si hay algo capaz de hacernos sentir enamorados, además del chocolate, es definitivamente el arte. La música, los libros y, especialmente, el cine tienen ese poder único. No importa si estamos en pareja o solteros: ver películas románticas puede reactivar ilusiones, despertar nostalgias profundas o, en el caso de historias de desamor, sumirnos completamente en la famosa "tusa".
Más que sensibilidad: procesos cerebrales complejos
Lo que experimentamos mientras vemos estas películas no es solo cuestión de sensibilidad personal o gusto por el romanticismo. Se trata de procesos internos que tal vez desconocemos completamente. Las escenas románticas activan directamente el sistema de recompensa del cerebro, lo que nos permite liberar dopamina, un neurotransmisor fundamental que genera placer y motivación intensa.
Pero el efecto va más allá: también provoca que estemos constantemente a la expectativa de lo que va a suceder. Nos "enganchamos" emocionalmente, nos motivamos a seguir la historia para experimentar la emoción completa. En otras palabras, el cerebro responde tanto a la acción presente como a la acción futura anticipada.
La química del amor y el desamor en pantalla
Esto explica científicamente por qué ciertas películas nos generan interés y emociones tan similares a las que experimentaríamos si viviéramos esas situaciones de afecto en la realidad. Sin embargo, las escenas de conflicto, desamor o incertidumbre también tienen su propio impacto químico.
En estos casos, generan liberación de cortisol y adrenalina, hormonas directamente relacionadas con la respuesta al estrés y la atención aguda. Este mecanismo neuroquímico nos permite entender por qué las películas románticas no solo producen placer, sino también tensión palpable, nerviosismo intenso o miedo genuino durante momentos de "conflicto" narrativo.
Es decir: podemos enamorarnos, desenamorarnos, odiar al ex de la protagonista, llorar desconsoladamente o perdonar al villano cuantas veces queramos durante un filme. No hay límites emocionales: no es la vida real, pero nuestro cerebro lo procesa como si lo fuera.
Oxitocina y conexión emocional
Volviendo al sistema de recompensa, es crucial mencionar a la oxitocina, que se libera durante interacciones sentimentales observadas en pantalla. Esta hormona, conocida como la "hormona del amor", está vinculada directamente a la confianza y la conexión emocional profunda.
Permite que el espectador sienta cercanía auténtica con los personajes o incluso con su entorno o historia personal: ese "sí soy" que experimentamos cuando nos identificamos profundamente con una situación o personaje.
El fenómeno de la inmersión narrativa
¿Había escuchado antes sobre el estado de transporte o la inmersión narrativa? Aunque una persona que va al cine o elige una película para ver en su televisor sabe perfectamente que la historia es ficción (incluso si se basa en hechos reales), su sistema emocional responde como si estuviera experimentando los eventos directamente.
Los efectos emocionales son entonces comparables a situaciones de la cotidianidad real. ¿Y cómo explicamos, al menos científicamente, el hecho de sentirnos tan conectados? La respuesta está en las neuronas espejo, que, en un lenguaje sencillo, son las responsables de la simulación de emociones ajenas.
Si vemos a otro experimentar felicidad, dolor o deseo, son estas neuronas especializadas las que permiten que el cerebro "repita" internamente la emoción, creando una experiencia vicaria pero profundamente sentida.
Ventajas del aprendizaje emocional cinematográfico
Por esta razón nos sentimos genuinamente como el o la protagonista. Es una experiencia personal única. Nos vemos representados mediante vínculos prestados de la pantalla. Y créanos: esto tiene sus ventajas significativas.
Las películas románticas funcionan como un campo de observación, análisis y aprendizaje emocional invaluable. Por eso, a medida que crecemos vamos deconstruyendo ciertos ideales románticos que tal vez adquirimos en ese proceso. Y, por supuesto, generamos otros nuevos más acordes con nuestra madurez.
Así, es posible analizar detenidamente cómo la gente toma decisiones emocionales, cómo se expresan (o no) las emociones complejas y cómo se resuelven conflictos relacionales. La mejor parte: todo desde la distancia segura de la butaca, pero sintiéndonos parte integral del elenco.