Hombre huye de linchamiento refugiándose en iglesia durante misa en Santa Marta
Un episodio que parecía sacado de las escrituras se vivió en la ciudad de Santa Marta, específicamente en la iglesia Nuevo Jardín, donde un hombre en aparente condición de calle encontró refugio divino cuando era perseguido por una turba enfurecida. Los hechos ocurrieron durante la celebración de la Eucaristía en la parroquia La Medalla Milagrosa, transformando una mañana de domingo en un escenario de tensión y posterior reflexión espiritual.
La irrupción en el templo sagrado
En la mañana del domingo 8 de febrero, mientras el sacerdote oficiaba la misa, un hombre descamisado, vestido únicamente con una bermuda rota y sucia, sin calzado y con evidentes signos de vivir en la calle, irrumpió abruptamente en el recinto religioso. El individuo, visiblemente alterado, subió directamente al altar y suplicó ayuda al sacerdote, quien inicialmente quedó sorprendido por la inesperada intrusión.
El hombre aseguró al religioso que lo querían asesinar y pidió resguardo inmediato. Apenas unos segundos después, ingresó al templo otro sujeto, esta vez vestido adecuadamente pero lleno de ira contenida, acompañado por varias personas más. Aunque claramente enfurecido, al encontrarse en lo que consideraba la casa de Jesús, decidió calmarse momentáneamente y proceder "por las buenas" para llevarse al refugiado.
El contexto del presunto delito
Según información proporcionada por las autoridades locales, el hombre que buscó refugio habría despojado de su teléfono celular a una ciudadana en las inmediaciones del templo. Tras el hecho delictivo, la víctima alertó a miembros de la comunidad, quienes iniciaron una persecución contra el presunto ladrón.
Fue en ese momento crítico cuando el acusado decidió ingresar a la iglesia como último recurso para salvar su vida, buscando asilo en el lugar sagrado. "Dios lo escuchó", comentaron posteriormente testigos del insólito suceso, refiriéndose a cómo el templo se convirtió en su salvación literal.
La intervención del sacerdote y la comunidad
Lo que se presume es que el grupo que llegó posteriormente al templo pretendía aplicar al presunto ladrón lo que coloquialmente se conoce como 'paloterapia' o 'fiesta de piñata', eufemismos que describen linchamientos populares. Sin embargo, la intervención decidida del sacerdote y varios feligreses presentes evitó que la situación escalara hacia la violencia física.
El cura exigió a las personas que intentaban agredir al refugiado que evacuaran inmediatamente el santuario, haciendo un llamado contundente a la calma y al respeto por el espacio sagrado. En un gesto que muchos calificaron como verdaderamente cristiano, el sacerdote no solo protegió al hombre, sino que continuó con la misa, sentando al presunto ladrón en la parte delantera de la iglesia.
Un sermón para el alma atribulada
Con el refugiado sentado en primera fila, el sacerdote prosiguió con la celebración eucarística, dirigiendo especialmente su sermón hacia aquel hombre cuya vida había estado a punto de terminar violentamente. El objetivo espiritual era claro: que el presunto delincuente escuchara el mensaje evangélico y que tanto su corazón como su mente pudieran experimentar un cambio transformador.
Este episodio revivió el versículo de San Marcos 2:17 que dice: "Los sanos no necesitan médicos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos sino a pecadores al arrepentimiento". En la iglesia Nuevo Jardín de Santa Marta, estas palabras cobraron un significado tangible y profundamente conmovedor, demostrando cómo los espacios religiosos pueden convertirse en refugios de humanidad incluso en las circunstancias más extremas.