TransMilenio acaba de cumplir un cuarto de siglo y sigue siendo objeto de toda suerte de referencias. Muchas de ellas positivas —como la presencia en las últimas horas del cantante puertorriqueño Nicky Jam en uno de los buses articulados— y otras, no tanto. Los continuos enfrentamientos entre colados y guardas de seguridad son el último episodio bochornoso que se ha registrado en el sistema. Pero no es solo eso, también fenómenos que vienen de tiempo atrás, que se agravan y urge corregir a tiempo.
El sistema más eficaz de Bogotá
El sistema de transporte masivo de Bogotá se mantiene como el más eficaz de todos. Y el que moviliza el mayor número de personas cada día: cerca de 3 millones. Su flota es mayoritariamente eléctrica, y el número de buses que la componen supera los 10.000 vehículos, entre articulados, biarticulados y alimentadores.
Por todo esto, TransMilenio es la imagen de Bogotá, referente obligado de la ciudad, y lo que ocurra con él tiene un impacto que no pasa inadvertido. De ahí que males viejos, como los colados, o recientes, como los enfrentamientos, obliguen a volver la mirada sobre TransMilenio para hacer un vehemente llamado a tomar correctivos antes de que algunas situaciones se salgan de madre.
Violencia y amenazas en aumento
El sistema no se puede convertir en epicentro de ventas informales, ladrones y ciudadanos que agreden a otros porque sí. Como decíamos, las hostilidades entre los guardas encargados de vigilar el sistema y los colados han dado paso a una serie de contiendas entre unos y otros que es necesario frenar. Y hay que hacerlo como dictan las normas: controlando y sancionando a quienes no pagan el pasaje. Eso no tiene discusión. De no hacerlo, seguirá haciendo carrera una narrativa violenta de toma de estaciones y daños a la infraestructura que no puede permitirse.
La situación ha llegado a tal extremo que por las redes circulan mensajes de grupos antisociales que amenazan con quemar estaciones, tomarse a la fuerza los buses y causar caos generalizado, sin que pase nada. Las autoridades tienen que tomar atenta nota de lo anterior, pues se trata de amenazas abiertas que ponen en peligro a millones de usuarios.
La dignidad del usuario, primero
TransMilenio tiene como misionalidad garantizar la dignidad de los usuarios, lo que significa el derecho a gozar de un transporte seguro, cumplido, limpio y eficiente. Permitir que el sistema se vuelva centro de comercio informal, medio de trasteos donde van hasta motocicletas, con gente que fuma dentro de los buses y la presencia de indigentes que generan temor o usuarios que agreden a otros dice mucho de la falta de trabajo en cultura ciudadana y de controles que permitan a la autoridad actuar con mayor contundencia.
A la lista de dolores se agregan los bloqueos y el boicot a su funcionamiento, sin reparar en el daño que hacen a miles de usuarios que sufren para poder llegar a sus casas o lugares de trabajo y estudio.
Llamado a la acción
Hay que aumentar los correctivos, respaldar a las personas que brindan seguridad al sistema y redoblar esfuerzos por una cultura de respeto y convivencia en TransMilenio. De no hacerlo ya, situaciones semejantes podrían repetirse una vez entre en operación el metro u otras troncales. Pero se puede, ya sucede con el TransMiCable, símbolo de un servicio digno con la gente. Hay que actuar.



