Gloria y Blanca: un siglo de trabajo en la plaza reconocido por Bogotá
Antes de que el sol ilumine las calles de la capital, cuando la mayoría de la ciudad aún duerme, Gloria y Blanca ya están en sus puestos. Desde hace más de medio siglo, estas dos mujeres han sido parte fundamental del tejido social y económico de Bogotá, levantándose cada madrugada para acomodar frutas, verduras y recibir a los primeros clientes del día.
Hoy, esa rutina silenciosa pero constante, que ha sostenido a miles de familias durante generaciones, será oficialmente reconocida por el Concejo de Bogotá. Ambas recibirán la Orden Civil al Mérito José Acevedo y Gómez en el grado Gran Cruz, la máxima distinción que otorga esta corporación, en una ceremonia programada para el 20 de febrero a las 2:00 de la tarde.
Más de 100 años de servicio combinado
Gloria y Blanca no solo suman 54 y 46 años de trabajo respectivamente, sino que representan a toda una generación de comerciantes que, desde las plazas de mercado, han garantizado durante décadas que en Bogotá nunca falten alimentos frescos y de calidad.
Su labor forma parte de una cadena silenciosa pero esencial que mueve toneladas de productos cada mes y permite que barrios enteros se abastezcan diariamente. Sin su dedicación, el paisaje urbano y la vida cotidiana de la capital serían radicalmente diferentes.
Doña Gloria: tercera generación de tradición
Doña Gloria es la tercera generación de comerciantes en su familia y una de las personas con mayor trayectoria en la histórica Plaza de Las Cruces. Durante más de cinco décadas, ha surtido hogares y negocios de sectores emblemáticos como Egipto, Policarpa, San Bernardo, La Candelaria y Girardot.
Con el paso de los años, su puesto se ha convertido en mucho más que un lugar para comprar alimentos. Es un espacio de confianza donde los clientes no solo adquieren productos frescos, sino que también conversan, piden consejos y mantienen viva la memoria colectiva del barrio.
Doña Blanca: herencia familiar y constancia inquebrantable
Blanca Aurora Agudelo Díaz, bogotana de nacimiento, heredó el oficio de su familia y lleva más de cuatro décadas recorriendo los mismos pasillos, atendiendo a generaciones de clientes y transmitiendo a nuevas generaciones el valor del trabajo honesto en la plaza.
Su historia personal está marcada por la disciplina férrea, la cercanía genuina con la comunidad y el amor profundo por un oficio que ha resistido el paso del tiempo, las transformaciones urbanas y los cambios en los hábitos de consumo.
Un reconocimiento que trasciende a dos personas
La condecoración que recibirán Gloria y Blanca no es solo un homenaje individual. Representa el reconocimiento colectivo a todas aquellas personas que, desde antes del amanecer, levantan cada día la vida de la ciudad desde las plazas de mercado.
"Nos enorgullece profundamente que sean homenajeadas por su trayectoria excepcional y su invaluable aporte al sistema de plazas de mercado", señaló Catalina Arciniegas, directora del Instituto para la Economía Social (IPES), entidad que las ha acompañado con procesos de capacitación, formalización y fortalecimiento de sus negocios.
En el marco del centenario de la Plaza de Las Cruces, incluso fueron retratadas en un mural que las convierte en símbolo permanente de la historia bogotana y de la resistencia del comercio tradicional.
Este acto de reconocimiento oficial es, en última instancia, una validación institucional de una vida dedicada a las madrugadas, al esfuerzo constante y a la perseverancia inquebrantable para sostener la mesa de miles de familias bogotanas. Es un mensaje claro sobre el valor del trabajo honesto, la tradición comercial y la importancia de mantener vivas las raíces que alimentan literal y metafóricamente a la ciudad.