Dos hechos llaman la atención sobre nuestro comportamiento como ciudadanos. Tuvieron lugar esta semana y generaron viralidad en las redes sociales. El primero fue la serie de operativos que ha emprendido la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp) contra personas y comercios que han convertido puntos de la ciudad en botaderos de basura. El segundo, un video grabado por Munir Cárdenas en el que se aprecia a un grupo de empleados del Distrito colándose en una estación de TransMilenio.
La condición humana no deja de sorprender
Solemos quejarnos de todo y por todo: que si la seguridad, que si las obras, que si los trancones... Pero somos poco dados a reconocer los propios errores. Más aún: nos cuesta convivir en armonía con la ciudad, apreciarla, respetarla, hacerla más llevadera, pues en ella transcurren nuestras vidas y las de los nuestros.
El caso de las basuras es patético
Llevamos años hablando de modelos, de esquemas, de operadores, de campañas de reciclaje, de tarifas. No hay día en que alguien no proteste por los muladares que se ven en una esquina o por la demora del camión recolector o por el contenedor abarrotado. Y, sin embargo, seguimos protagonizando escenas como las que captó la Uaesp recientemente. En una, un grupo de mujeres fueron sorprendidas cuando, a plena luz del día, estaban arrojando decenas de bolsas con residuos en el andén. Así, sin sonrojarse. No les importó que los funcionarios que las sorprendieron aclararan que eran autoridad y reclamaran por la acción. Muy orondas se fueron y dejaron el desorden expuesto. Los funcionarios llegaron hasta el lugar de donde salieron los escombros y llamaron la atención del encargado. Acto seguido, obligaron a las mismas mujeres a recoger los escombros y se aplicaron sanciones. No fue solo el acto de arrojar escombros sobre el espacio público, fue el desprecio que ellas demostraron al hacerlo, sin reconocer la maldad de su propia conducta. Y después nos lamentamos de que la ciudad esté sucia, insegura, fea, sin reparar en lo mucho que a veces contribuimos los ciudadanos para que ello sea así.
Los colados de TransMilenio
En el caso de los colados de TransMilenio, hemos repetido aquí lo transgresora que resulta dicha actitud para el sistema y para sus usuarios. La gente de bien, la que paga su pasaje a conciencia, no merece a los colados, no tiene por qué soportarlos, y menos si se trata de servidores públicos. Pero eso fue lo que pasó. Dicen los medios que las personas captadas colándose en una de las estaciones pertenecían a la Secretaría de Educación. Empleados oficiales o contratistas, no tengo idea. Pero como lo comenté en el video de marras, si eso hacen quienes están para prestarle un servicio a la ciudad, pues apague y vámonos. La sal se corrompió. Si este es el mensaje que se envía desde el Distrito, con qué cara TransMilenio va a reclamarles a los colados que a diario esquilman el sistema. Millones de pesos gasta la entidad en campañas de buen comportamiento en el transporte público, en mensajes incluso para que la gente haga buen uso del mismo y, sobre todo, para que no exponga su vida con conductas como estas. Pero eso parece no tener valor, seguimos empecinados en llevar la contraria, en desafiar la norma, en hacerles daño a los demás y a la propia ciudad. Muchos nos indignamos con la acción, que, al igual que en el caso de la Uaesp, tuvo consecuencias, pues entiendo que los funcionarios fueron sancionados. Algo es algo.
Motos en los andenes de la avenida Guayacanes
Y ahora que recuerdo, hubo también un video con la imagen de decenas de motociclistas rodando por los andenes de la avenida Guayacanes ante la mirada impotente de peatones que debían ceder el paso a estos salvajes. Varios de ellos fueron sorprendidos y sancionados por el alcalde Galán. Cómo es la vida, a los bogotanos nos costó un billón de pesos construir la avenida Guayacanes para conectar a Kennedy con Bosa. Ello incluyó andenes amplios para la gente, pero vean en lo que terminaron convertidos, en autopista para motociclistas irresponsables. No hay derecho. El caso se volvió mediático porque estuvo el alcalde, pero es práctica común en este sector y en muchos otros de la ciudad. Más de 6.000 motociclistas fueron sancionados el año pasado por mal comportamiento en las vías de la ciudad. Si me lo preguntan, muy pocas para la cantidad de infracciones que cometen a diario estos sujetos, incluyendo los famosos bicitaxis a motor, que de nuevo volvieron a invadir ciclorrutas sin que por allí aparezca autoridad alguna.
Son tres casos que, como decía al comienzo, retratan por qué es tan difícil hacer de nuestra Bogotá un lugar más amable para vivir. Porque simplemente no queremos.



