Recuperación histórica de tierras en Córdoba: 188 hectáreas devueltas a comunidades tras décadas de despojo paramilitar
Durante años, cruzar la Ciénaga de Corralito no era solo una cuestión de remar; era exponerse a graves peligros. Para las comunidades campesinas y pescadoras de Cereté, en el departamento de Córdoba, defender este cuerpo de agua significó más de 40 años de persecuciones, amenazas y, en muchos casos, la muerte. Hoy, ese mapa empieza a cambiar con una recuperación de tierras que podría resarcir los daños históricos sufridos por estas poblaciones.
Operativos contundentes contra el crimen organizado
Mediante operativos firmes, el director de la Agencia Nacional de Tierras (ANT), Juan Felipe Harman, con el apoyo de la Policía de Córdoba, logró recuperar 188 hectáreas que atraviesan este ecosistema del Bajo Sinú. Estas tierras, conocidas como Lote 1 y Lote 2 en la vereda Los Venados, estaban bajo control de estructuras criminales vinculadas a la Sociedad Agropecuaria Hato Santa María. Esta sociedad tenía conexiones con la red de Daniel Rendón Herrera, alias “Don Mario”, y con Camilo Torres Martínez, también conocido como “Fritanga”.
Tras más de 40 años de disputas por el uso de este cuerpo de agua entre campesinos y pescadores, y luego del proceso de reglamentación y deslinde adelantado por la Agencia de Tierras, hoy se logra recuperar el acceso a este espacio fundamental para la vida y el sustento de las comunidades rurales, señaló Harman. El director añadió que estas dos parcelas productivas estuvieron durante años en manos del Fondo de Tierras de la Sociedad de Activos Especiales (SAE), donde supuestamente debían ser entregadas a comunidades vulnerables o víctimas del conflicto, pero eso nunca sucedió.
Historial de despojo y violencia paramilitar
El historial de despojo orquestado por figuras como Rendón Herrera fue clave para que cientos de campesinos perdieran sus tierras y derechos. Rendón Herrera, perteneciente a las extintas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), formó parte del círculo cercano de los hermanos Castaño. Desde su juventud en Amalfi, Antioquia, se incorporó a grupos armados que sembraron desplazamiento y dolor en el Caribe colombiano. En 2009, “Don Mario” fue hallado culpable por un tribunal de Nueva York de despojar miles de tierras y ser protagonista en la exportación de drogas a Estados Unidos, recibiendo una condena de 35 años de cárcel y una multa de 45.7 millones de dólares.
Frente a esto, Harman comentó: “Aquí la pelea nunca ha sido contra el campesino trabajador, sino contra quienes se han robado la tierra de manera sistemática en Colombia”. Esta recuperación se enmarca en la estrategia “Misión Córdoba”, con la que el Gobierno de Gustavo Petro busca intervenir cerca de 50.000 hectáreas de ciénagas en el departamento, muchas afectadas por recientes inundaciones.
Impacto en las comunidades y restauración ecológica
Las tierras fueron entregadas a asociaciones campesinas y pesqueras como ASOPISSICO, ASOPARCER y ASOPARCICO, integradas por familias que lo perdieron todo tras las inundaciones. Para muchas de ellas, este no es solo un acto administrativo, sino un paso hacia la justicia. Antonio Redondo expresó con gratitud: “El que persevera alcanza y nosotros hoy lo logramos. En este gobierno es que hemos visto la mano hacia al campesino que trabaja 24/7, por la seguridad alimentaria de nuestro país”.
Neris León, campesina que vio desaparecer sus cultivos bajo el agua, aseguró: “Se cierra una puerta, pero se abren muchas ventanas; poder decir que esta tierra sí es mía es una de ellas”. Su testimonio condensa una disputa de más de cuatro décadas, marcada por el conflicto armado y la concentración de la tierra.
Además de la propiedad, la intervención apunta al agua. El Ministerio de Ambiente y la ANT iniciaron la remoción de jarillones, diques levantados irregularmente que bloquearon la conexión natural entre el río Sinú y la ciénaga. La apertura de un tramo de más de un kilómetro permitió restablecer esa conexión sin afectar a las comunidades cercanas, buscando recuperar la funcionalidad ecológica del humedal y reducir riesgos de inundaciones.
Una apuesta por la reforma rural anfibia
Detrás de esta intervención hay una apuesta más amplia: lo que el Gobierno ha denominado “reforma rural anfibia”, una estrategia que busca reorganizar el territorio reconociendo la relación entre tierra y agua, especialmente en zonas donde los ciclos hídricos han sido alterados por décadas de ocupación irregular. La recuperación de la Ciénaga de Corralito no cierra el conflicto, pero marca un punto de inflexión. Por primera vez en décadas, el acceso al agua y a la tierra deja de estar mediado por actores ilegales y empieza a regresar a manos de quienes históricamente han vivido de ella.
Para las comunidades, el reto ahora no es solo conservar el territorio recuperado, sino sostenerlo. En un lugar donde el agua siempre vuelve, la pregunta es si esta vez también lo hará la estabilidad.



