Guerra en Irán: Conflicto con EE.UU. e Israel Escalada y Repercusiones Globales
Guerra en Irán: Escalada y Repercusiones Globales

Guerra en Irán: Una Confrontación que Escalada y Desestabiliza el Mundo

La guerra de Occidente contra Irán, que comenzó después de la Revolución Islámica, ha transitado por diversas fases de confrontación y diplomacia fallida, las cuales, en lugar de resolverse, se superponen. La primera fase se centró en responder a la amenaza de destrucción del Estado de Israel. La segunda implicó la contención o formación de grupos de resistencia chiíes, como los hutíes en Yemen, Hezbolá en Líbano y Hamás en Gaza, que han empleado el terrorismo como arma. La tercera fase busca evitar la construcción de armas atómicas, derivada del interés iraní en enriquecer uranio con fines civiles. Esto ha llevado a Estados Unidos a imponer sanciones contra el régimen iraní, mientras Israel, a través del Mossad, persiste en diezmar a la dirigencia en Irán y a sus aliados en Medio Oriente, considerados enemigos legítimos.

Escalada del Conflicto y Crímenes de Lesa Humanidad

La continuación de la guerra de los Doce Días de junio de 2025, entre Estados Unidos e Israel en Irán, prosigue desde el 28 de febrero de 2026, con una progresión que incluye graves ataques a la población civil y evidencia de crímenes de lesa humanidad. Las repercusiones en la infraestructura económica y energética de los países participantes en Oriente Medio son irreversibles. Irán estaba preparado para un ataque como el perpetrado por Israel y Estados Unidos, incluso para afrontar la pérdida del ayatolá, parte de la dirigencia gubernamental y de los comandantes de la Guardia Revolucionaria. Alí Jamenei ya había dado a conocer un listado de posibles sucesores en caso de su muerte, como lo demuestra el rápido nombramiento de su hijo, Mojtaba Jamenei.

El actual ayatolá no ocupaba un alto rango clerical ni gubernamental, y ha sido elegido por los 88 miembros de la Asamblea de Expertos, máximo órgano político y religioso a nivel constitucional en Irán. Este órgano lo ha nombrado para comandar la guerra, instruir al ejército y guiar espiritualmente a la población chií, mayoritaria en Irán y con presencia en Siria, Líbano, Irak, Azerbaiyán, Baréin, Yemen y, en menor proporción, en otros países. En el mundo, más de 200 millones de personas consideran a la figura religiosa del ayatolá como su líder espiritual.

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Impacto en la Economía Energética Mundial

Como ocurrió con las amenazas de guerra en 2025, la respuesta al ataque de 2026 generó la prohibición de navegar por el estrecho de Ormuz, en particular para embarcaciones de Estados considerados hostiles por Irán, permitiendo solo el paso de aquellas con banderas que habían negociado previamente con Teherán. Por Ormuz circula el 20% de la producción de gas y petróleo a nivel mundial, lo que causa daños colaterales en múltiples países como China, Corea del Sur o Filipinas; este último ya declaró la emergencia energética en el país.

Aunque el ataque de Irán inicialmente se dirigió a las bases militares y sedes diplomáticas estadounidenses en Medio Oriente, se ha extendido a objetivos energéticos en países aliados de Estados Unidos, afectando a la población civil aledaña, al mercado turístico y a la dinámica económica. Misiles y drones de origen iraní han impactado, en menor o mayor proporción, a Siria, Jordania, Omán, Irak, Arabia Saudita, Catar, Kuwait, Baréin y Emiratos Árabes Unidos.

Mediación Internacional y Percepciones de Seguridad

En la búsqueda para detener la guerra, destaca la mediación paquistaní como portador de la propuesta estadounidense y el rol de Turquía para evitar que los países árabes ataquen a Irán. Esta situación ha generado un cambio en la percepción de seguridad por parte de los países de Oriente Medio, debido a las costosas inversiones realizadas para obtener protección de Estados Unidos, que no se corresponden con el escalamiento de la guerra, el temor generalizado de sus habitantes y la improcedencia internacional de visitar estos países.

En contraste, según diferentes sondeos, la población de Israel aprueba en cerca de un 80% el conflicto, mientras que en Estados Unidos más del 60% lo rechaza. Estos datos son relevantes frente a las próximas elecciones legislativas en octubre de 2026 en Israel y en noviembre de 2026 en Estados Unidos.

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Procesos Electorales y Futuro de la Alianza

Los procesos electorales pueden generar una fractura en la alianza entre Estados Unidos e Israel, ocasionando un impulso dispar en la guerra, como ya ocurrió con su denominación: Estados Unidos la llama Furia Épica, mientras Israel la denomina León Rugiente. El Estado judío espera que la continuidad en el conflicto le dé favorabilidad en las urnas para los partidos políticos Likud, Yesh Atid y Otzma Yehudit, mayoritarios en la Knéset y que sostienen en el gobierno a Netanyahu.

En tanto, el presidente Trump enfrenta elecciones en las que debe conservar la mayoría republicana en el Congreso, por lo que apelará a una estrategia híbrida para finalizar pronto la guerra, pero con la necesidad de mostrar un rédito visible. Esto motiva el envío de tropas de élite para recuperar el estrecho de Ormuz, debido a su alto impacto en las finanzas mundiales y estadounidenses.

Desafíos para Estados Unidos y Estrategias Futuras

Terminar la participación directa en la guerra para Estados Unidos es urgente, pero no será una tarea fácil. En primer lugar, por la negación de los países de la OTAN a participar en un conflicto que consideran ajeno. En segundo lugar, porque cada día que continúe el conflicto serán mayores las consecuencias para la economía mundial y doméstica en Estados Unidos. En tercer lugar, por la pérdida de millares de vidas inocentes y la expansión de la amenaza terrorista, en particular contra estadounidenses y judíos en muchos países, como ocurrió con el ataque en la playa de Bondi en Sídney, Australia. En cuarto lugar, por no lograr deponer al régimen iraní, lo cual requeriría una incursión por tierra contra el ejército comandado por la Guardia Revolucionaria.

En este último aspecto, Estados Unidos preferirá armar a grupos étnicos y religiosos opositores en Irán, lo que supondrá generar tensiones civiles, intentar contener las dimensiones del conflicto para que no se extienda por Medio Oriente, recuperar los indicadores económicos globales y, posiblemente, conservar la mayoría en el Congreso estadounidense.