General golpista de Birmania jura como presidente en ceremonia que disuelve la junta militar
El general Min Aung Hlaing, quien lideró el golpe de Estado de 2021 en Birmania (Myanmar), juró este viernes como presidente del país en una ceremonia oficial que marcó la disolución de la junta castrense que detentó el poder durante los últimos cinco años. Este acto da paso a un nuevo Gobierno completamente copado por militares, en lo que observadores internacionales califican como una fachada de transición política.
Elecciones controvertidas y sin oposición real
Min Aung Hlaing fue elegido presidente la semana pasada mediante una votación en la Asamblea de la Unión, organismo compuesto por las dos cámaras del Parlamento y controlado directamente por los militares. Su nombramiento, para un mandato de cinco años, se produjo después de unas elecciones organizadas por la junta entre diciembre y enero, celebradas en un clima de represión en zonas controladas por las fuerzas armadas y que carecieron de oposición representativa.
Observadores electorales independientes tildaron de "ilegítimos" estos comicios, señalando que el proceso careció de un entorno libre donde poder ejercer derechos y libertades fundamentales. La Red Asiática para Elecciones Libres (ANFREL) determinó que no se cumplieron las "condiciones mínimas democráticas" necesarias para considerar válido el proceso electoral.
Discurso de justificación y promesas vacías
Durante más de media hora de discurso en el Legislativo de Naipyidó, el general golpista defendió la toma de poder por el Ejército, denunciando sin pruebas un fraude electoral masivo en los comicios de 2020. En aquellas elecciones, arrasó el partido de la Nobel de la Paz birmana, Aung San Suu Kyi, con el aval de observadores independientes.
Min Aung Hlaing, quien la semana pasada traspasó a un militar de su confianza el liderazgo del Ejército para poder asumir el cargo político, habló de "devolver al país a la senda democrática" y de "construir la paz", mientras los soldados bajo su mando continúan bombardeando a civiles en diversas regiones del país.
Ostracismo internacional y rechazo de la oposición
Esta maniobra institucional busca revertir la condición de Estado paria de Birmania y obtener una legitimidad internacional que el régimen ha ansiado desde el golpe. Sin embargo, opositores políticos y activistas reclamaron a la comunidad internacional y a la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) que rechacen los cambios cosméticos del gobierno encabezado por Min Aung Hlaing.
"No se vislumbra ningún cambio positivo bajo el régimen del caudillo Min Aung Hlaing", declaró a EFE U Bo Bo Oo, vicepresidente del partido ilegalizado Liga Nacional para la Democracia (LND), ganador de los comicios de 2020. La ASEAN mantiene un veto a la asistencia del líder golpista a las cumbres de más alto nivel, y en mayo se reunirán los líderes políticos del Sudeste Asiático sin que se conozca, por ahora, si asistirá el presidente birmano.
Análisis electoral condenatorio
Mientras Min Aung Hlaing juraba su cargo, analistas electorales independientes reforzaban sus críticas al proceso que lo llevó al poder. Amaël Vier, analista electoral, aseguró que "todos los aspectos de las elecciones fueron diseñados para predeterminar el resultado" deseado por el régimen castrense.
Los comicios se celebraron con unos 40 partidos ilegalizados tras el golpe, incluida la LND de Suu Kyi, de 80 años y quien permanece encarcelada desde los primeros instantes de la sublevación militar. La comunidad internacional enfrenta ahora la disyuntiva de reconocer o no este gobierno surgido de lo que muchos consideran una farsa electoral.



