Desde hace ocho años, las relaciones entre Colombia y Ecuador han transitado un camino lleno de desencuentros, provocados por decisiones unilaterales del vecino país. Colombia ha respondido con una persistente actitud de fortalecer la seguridad en la frontera, combatir el narcotráfico, acudir a las instancias de solución de controversias establecidas por los tratados y acuerdos vigentes, y privilegiar las vías diplomáticas para superar el permanente estado de crisis generado por la unilateralidad, que afecta la economía, la cooperación, el libre tránsito de personas y mercancías, y en general, todos los espectros de las relaciones binacionales.
Antecedentes de la crisis
Desde 2018, Colombia ha desplegado todas las herramientas diplomáticas a su alcance para mantener y fortalecer el cauce normal de las relaciones, obteniendo inflexibilidad y falta de voluntad real para avanzar en un proceso de negociación. Ese año, Ecuador impuso restricciones a los productos pecuarios de Colombia, que, a pesar de que en 2020 el país fue declarado libre de aftosa, se mantienen. Desde entonces, la relación bilateral ha vivido tiempos de enormes desafíos.
Seguridad, migración y crimen transnacional
Seguridad, migración y crimen transnacional son tres caras de un fenómeno en la frontera común, con varias décadas de existencia. Frente a ello, ha sido manifiesta la voluntad del presidente de la República, Gustavo Petro, de enfrentar a los grupos irregulares que se nutren de economías ilegales y golpean a la población en ambos países. Como canciller, he asistido a varias reuniones bilaterales con mi colega del vecino país, sin que haya sido posible avanzar más allá de declaraciones que terminan de manera indefinida en el congelador de Ecuador.
El 12 de agosto de 2025, por ejemplo, estuve en visita oficial en Quito para superar, entre otros temas, el paso fronterizo y las barreras fitosanitarias, sin que se lograra avanzar. Incluso en la reunión del presidente Petro con su homólogo de Ecuador, Daniel Noboa, el 14 de diciembre de 2024, se acordó instalar mesas técnicas de seguridad para evaluar acciones conjuntas y los requisitos mínimos de seguridad en el paso fronterizo sobre el río Mataje. Tema que reiteré en mi visita mencionada a Quito. Por desgracia, nada ha cambiado, y el paso sigue cerrado.
Decisiones unilaterales de Ecuador
Otra decisión unilateral de Ecuador ha sido la deportación de los connacionales privados de la libertad. Entre julio y septiembre de 2025 se deportaron cerca de 800 nacionales sin coordinación con las autoridades colombianas. Luego, se deportaron otras 292 personas, sin que se escuchen las notas de protesta y los llamados de Colombia a conformar una Mesa Técnica Binacional para convenir los términos de las deportaciones.
Quizá la decisión unilateral que más resuena en la memoria de la opinión pública es el relacionado con los aranceles ecuatorianos a los productos colombianos, que están hoy en 100 %, justificados en la supuesta inacción de Colombia para garantizar la seguridad en la frontera común. Un acto sin precedentes en la historia común.
Respuesta de Colombia
Colombia ha respondido con cabeza fría, acudiendo a las instancias destinadas para la superación de este tipo de controversias, como el Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina. El presidente Petro, el pasado 9 de abril, luego de la nueva arremetida arancelaria de Ecuador, llamó a consultas a la embajadora de Colombia en Quito, pidió realizar un consejo de ministros en la frontera, ordenó medidas arancelarias recíprocas, el retiro de Colombia de la CAN y su incorporación plena en Mercosur.
En medio del dinámico contexto regional, la postura del presidente Noboa contra el presidente Petro y la Cancillería colombiana no solo simplifica una realidad profundamente compleja, sino que, además, incurre en contradicciones que debilitan la posibilidad de una cooperación efectiva entre ambos países.
Iniciativas de Colombia y contradicciones ecuatorianas
Colombia ha tomado siempre la iniciativa. Desde el restablecimiento de canales institucionales hasta la solicitud permanente de reactivación de comisiones técnicas binacionales, la voluntad política ha sido explícita. Lamentamos, sin embargo, que el discurso ecuatoriano insista en proyectar una imagen de inacción de Colombia, desconociendo avances concretos en inteligencia compartida, control fronterizo y operaciones coordinadas contra estructuras criminales que operan a ambos lados de la frontera.
Para superar esta crisis hay que hacer un llamado a construir confianza sin caer en permanentes contradicciones. La primera gran contradicción radica en exigir mayor cooperación mientras se deslegitiman públicamente los esfuerzos existentes. No se puede construir confianza bilateral si, al mismo tiempo que se convocan espacios de diálogo, se alimenta una narrativa de incumplimiento por parte del socio estratégico.
En segundo lugar, resulta impreciso afirmar que Colombia “no hace nada” en términos de seguridad. El país ha desarrollado una de las estrategias más robustas de la región frente al crimen organizado, con operaciones sostenidas contra el narcotráfico, grupos armados ilegales y economías ilícitas. Si bien los resultados no son absolutos —como ocurre en cualquier contexto de alta complejidad—, desconocer estos esfuerzos es, en el mejor de los casos, una lectura incompleta; en el peor, una distorsión deliberada.
Naturaleza transnacional del problema
Otro elemento que evidencia inconsistencia es la falta de reconocimiento de la naturaleza transnacional del problema. La seguridad en la frontera colombo-ecuatoriana no depende exclusivamente de un solo Estado. Requiere corresponsabilidad, inversión sostenida y políticas coherentes en ambos lados. Pretender trasladar la carga total a Colombia no solo es injusto, sino que resulta ineficaz para enfrentar redes criminales que no reconocen límites geográficos.
Finalmente, es importante subrayar que el lenguaje político tiene consecuencias. Insistir en una narrativa de confrontación o de acusación unilateral puede generar réditos internos de corto plazo, pero debilita las bases de una cooperación que es indispensable para ambos países. La seguridad no se construye desde el señalamiento, sino desde la confianza, la evidencia y el compromiso mutuo.
Llamado al diálogo constructivo
Colombia ha demostrado disposición al diálogo y a la acción conjunta. La pregunta que queda en el aire es si el gobierno ecuatoriano está dispuesto a hacer lo mismo desde la coherencia, o si persistirá en una estrategia de descalificaciones que, más que aportar soluciones, profundiza las tensiones en una región que necesita con urgencia vivir en armonía, derrotar el pesimismo y hallar una ruta de crecimiento sostenido y sueños compartidos. Hay que cerrarle la frontera a la intolerancia y abrirle las puertas al diálogo constructivo. El diálogo y la integración son la clave. Nunca es tarde, presidente Noboa.
* Canciller de Colombia.
Por Yolanda Villavicencio



