Alto al fuego temporal en medio de escalada violenta entre vecinos asiáticos
En un giro diplomático significativo, Pakistán y Afganistán anunciaron este miércoles una tregua de cinco días que coincide con la celebración del Eid al-Fitr, la festividad que marca el final del mes sagrado del Ramadán. Este acuerdo llega tras semanas de intensos enfrentamientos que alcanzaron un punto crítico con ataques aéreos que dejaron cientos de muertos en la capital afgana.
Mediación internacional y condiciones del cese de hostilidades
El ministro de Información paquistaní, Attaullah Tarar, precisó que la tregua, vigente desde el jueves hasta la medianoche del lunes hora local, se materializó "a petición de países islámicos amigos", específicamente Arabia Saudita, Catar y Turquía. En declaraciones publicadas en la red social X, Tarar enfatizó que "Pakistán hizo este gesto de buena fe y de acuerdo con las normas islámicas", pero advirtió con firmeza que cualquier ataque transfronterizo, operación con drones o incidente terrorista dentro de territorio paquistaní provocaría la inmediata reanudación de operaciones militares con mayor intensidad.
Pocas horas después, el portavoz del gobierno talibán en Afganistán, Zabiullah, confirmó un "cese temporal" de lo que describió como "operaciones defensivas para repeler la injusticia". El alto funcionario afgano también reconoció el papel mediador de los mismos tres países árabes en la negociación de este alto al fuego temporal.
Funerales masivos y promesas de represalia en Kabul
Mientras se anunciaba la tregua, en Kabul se desarrollaban escenas de profundo dolor durante los funerales de numerosas víctimas del ataque aéreo paquistaní contra un centro de desintoxicación para drogadictos. Bajo una persistente lluvia, voluntarios de la Media Luna Roja afgana transportaron decenas de ataúdes de madera desde ambulancias hasta una fosa común excavada en el terreno rocoso por maquinaria pesada.
En el emotivo acto, el ministro del Interior afgano, Sirajuddin Haqqani, declaró ante los dolientes que los fallecidos eran "víctimas inocentes atacadas por criminales", apenas días antes de la culminación del Ramadán. "Hoy fue un día triste. Di mi más sentido pésame a Afganistán, especialmente a las familias de los mártires", expresó Haqqani, añadiendo que "los afganos están viviendo días difíciles".
El ministro advirtió severamente a los responsables del ataque: "No fuimos débiles ni estuvimos indefensos. Verán las consecuencias de sus crímenes". Sin embargo, en un tono más conciliador, sugirió que la vía diplomática era la opción preferida: "No quisimos guerra, pero la situación llegó a esto. Por eso, intentamos resolver los problemas a través de la diplomacia".
Cifras controvertidas y testimonios del terreno
Las autoridades talibanes han afirmado que aproximadamente 400 personas murieron y más de 200 resultaron heridas en el ataque del lunes, calificándolo como el incidente más mortífero en la reciente escalada de violencia entre los dos países vecinos. Pakistán, por su parte, ha negado haber bombardeado deliberadamente el centro de desintoxicación, acusando a Kabul de proporcionar refugio a extremistas que luego perpetran ataques en territorio paquistaní, alegación que Afganistán ha categóricamente desmentido.
Periodistas de la AFP presentes en el lugar durante la noche del lunes y la mañana del martes presenciaron la recuperación de al menos 95 cadáveres de entre los escombros del centro devastado. Jacopo Caridi, director en Afganistán del Consejo Noruego para los Refugiados, una organización humanitaria que participó en las labores de rescate, corroboró la magnitud de la tragedia: "Por lo que vimos y lo que hablamos con los demás que participaron en la respuesta de emergencia, podemos decir que hubo cientos de muertos y heridos".
Esta tregua de cinco días representa un respiro temporal en un conflicto que ha tensado al máximo las relaciones entre dos naciones con una larga historia de tensiones fronterizas y acusaciones mutuas de albergar grupos militantes. La comunidad internacional observa con atención si este cese de hostilidades podría convertirse en el primer paso hacia un diálogo más sostenido entre Kabul e Islamabad.



