Padre Antún Ramos: El Estado no debió esperar un fallo para actuar en Bojayá
Padre Antún Ramos critica al Estado por demora en Bojayá

Veinticuatro años después de la masacre de Bojayá, la herida sigue abierta. Este lunes, en Mañanas Blu, el padre Antún Ramos, sobreviviente de aquella tragedia y autor del libro Bojayá, relato del sacerdote que sobrevivió a la masacre, dejó una frase que resume el sentimiento de muchas víctimas: “El Estado no debió haber esperado que hubiese un fallo”.

Alertas ignoradas antes de la masacre

La entrevista puso en debate una deuda que sigue sin cerrarse. Para las comunidades, el perdón institucional no puede limitarse a un acto protocolario. Detrás de esa exigencia está el recuerdo de las alertas que, según el sacerdote, fueron ignoradas antes del 2 de mayo de 2002.

“Nosotros hicimos 10 alertas tempranas a la Presidencia de la República”, recordó. En ese momento, dijo, ya era claro que la confrontación entre guerrilla y paramilitares podía terminar atrapando a la población civil en medio del fuego.

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Condena geográfica en el río Atrato

Ramos explicó que en el río Atrato la ubicación geográfica terminó convirtiéndose en condena. La cercanía con el Pacífico, Panamá y corredores estratégicos convirtió al territorio en escenario permanente de disputa armada. “En esa disputa está la población que es la que sufre las consecuencias”, afirmó.

Defensa del proceso de paz de 2016

El sacerdote también hizo una defensa del proceso de paz firmado en 2016 entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC. Para él, el impacto en el territorio fue evidente. “La diferencia antes del proceso y después del proceso fue del cielo a la tierra”, dijo.

Con esa frase resumió un cambio que en Bojayá se sintió en gestos cotidianos. Familias desplazadas regresaron, los cultivos reaparecieron y las lanchas retomaron sus rutas. Pero hubo una imagen que, para el sacerdote, lo dice todo: “Los campesinos volvieron a pescar de noche”. En una región donde el miedo había alterado hasta las rutinas más básicas, pescar de noche significaba volver a sentir confianza.

Antes de esa etapa, Ramos contó que dormía vestido, con botas al lado de la cama y con las llaves de una lancha listas por si debía salir de urgencia a mediar cuando algún grupo armado se llevaba a una persona.

El miedo persiste en el Chocó

Hoy, aunque reconoce algunos esfuerzos de diálogo, advierte que el miedo no ha desaparecido. En varias zonas del Chocó siguen presentes estructuras armadas y la población civil continúa atrapada entre amenazas, restricciones y silencios.

Por eso, 24 años después, la pregunta que atraviesa su libro sigue golpeando al país: “¿Por qué nos seguimos matando?”. En Bojayá, la paz todavía no deja de ser una promesa pendiente.

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