Tinigua: el parque nacional convertido en un 'hato ganadero' por la deforestación descontrolada
Tinigua: parque nacional devastado por deforestación y ganadería

Tinigua: el parque nacional que agoniza bajo el avance de la ganadería y la deforestación

Desde el aire, el panorama del Parque Nacional Natural Tinigua es desolador. Rodrigo Botero, director de la Fundación para el Desarrollo Sostenible (FCDS), lo describe con ironía y preocupación: "Bienvenidos al 'hato ganadero' Tinigua". A 2.500 pies de altura, se observan claramente techos de casas, ganado disperso y una red de vías que atraviesan el área protegida de occidente a oriente. Este parque, ubicado en el departamento del Meta, ha sufrido una transformación dramática, pasando de ser un corredor ecológico vital a un paisaje fragmentado por la actividad humana.

La pérdida ambiental más dramática de Colombia

Según datos del Censo Bovino del ICA, en 2024 había 56.338 cabezas de ganado dentro de Tinigua, convirtiéndolo en el segundo área protegida de la Amazonia con más vacas, solo después de la Sierra de La Macarena. La FCDS estima que esta cantidad produce más de 63.000 litros de leche diaria. Sandra Vilardy, exviceministra de Ambiente y profesora de la Universidad de los Andes, advierte que lo ocurrido en Tinigua es uno de los procesos más dramáticos de pérdida ambiental en la historia del país. Expertos como Esperanza Leal de la Sociedad Zoológica de Frankfurt-Colombia, Ómar Franco, exdirector del Ideam, y Adriana Rojas de la Fundación Gaia Amazonas, coinciden en que este caso podría ser irreversible.

Las cifras son contundentes: de las más de 210.000 hectáreas de bosque original, en 2024 solo quedaban 134.901 hectáreas. La mayor parte de la deforestación, aproximadamente 72.000 hectáreas, se concentró en el sector sur del río Guayabero. MapBiomas Colombia documenta cómo la conectividad ecológica se ha fragmentado en parches aislados, degradando severamente la funcionalidad del ecosistema.

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La frágil conectividad andino-amazónica en riesgo

Camilo Correa-Ayram, ecólogo e investigador de la Universidad Javeriana, explica que la región andino-amazónica, donde se encuentra Tinigua, es crucial para la diversificación genética de especies. La desconexión de este corredor, que ha existido por millones de años, interrumpe procesos evolutivos y afecta a especies como dantas, monos churucos, jaguares y tigrillos. Un estudio publicado en Global Ecology and Conservation reveló que entre 2000 y 2020, la pérdida de hábitat conectado fue del 18%, superando la pérdida de hábitat general del 13%.

La deforestación se aceleró tras la firma del Acuerdo de Paz con las FARC-EP. Entre 2018 y 2023, Tinigua perdió 33.575 hectáreas de bosque, un área comparable a casi toda la ciudad de Medellín, según el informe de Parques Cómo Vamos de 2024. Los guardaparques, con recursos limitados, enfrentan un escenario complejo con aumento de población, ganado, vías y cultivos ilícitos.

Desafíos de gobernabilidad y presencia de grupos armados

Edgar Lozano, actual jefe del parque, destaca la dificultad de la gobernabilidad en Tinigua, donde estima que habitan entre 3.000 y 3.200 familias. La construcción de confianza con los colonos es vital, mediante acuerdos para promover economías sostenibles como apicultura, cacao y turismo. Sin embargo, Luisz Olmedo, director de Parques Nacionales Naturales, critica la Operación Artemisa del gobierno de Iván Duque y el ingreso masivo de familias entre 2018 y 2019, lo que agravó la situación.

La deforestación continúa impulsada por la apertura de vías y la presencia de disidencias de las FARC, como el Estado Mayor Central (EMC) y el Estado Mayor de Bloques y Frente (EMBF). Estos grupos regulan la ocupación del territorio y la tala ilegal, causando fluctuaciones en la pérdida de bosque. Por ejemplo, tras una reducción en 2023, la deforestación se reactivó con 3.304 hectáreas perdidas entre abril de 2024 y marzo de 2025.

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A pesar del panorama desalentador, Botero y otros expertos creen que aún hay tiempo para salvar Tinigua mediante políticas públicas serias y restauración a mediano y largo plazo. No obstante, en 2024 se registraron 301 eventos de deforestación, equivalentes a 2.803,46 hectáreas, un área cuatro veces mayor que el Aeropuerto Internacional El Dorado de Bogotá. La esperanza persiste, pero requiere acción inmediata y coordinada para proteger lo que queda de este patrimonio natural.