La izquierda no exige austeridad: por qué la vida privada no define la política pública
La izquierda no exige austeridad: vida privada vs política pública

Desmitificando la austeridad como requisito de la izquierda política

¿Ha considerado alguna vez que ser de izquierda exige necesariamente llevar una vida austera? ¿Ha señalado la supuesta incoherencia de aquellos que defienden causas sociales mientras disfrutan de lujos? Si sus respuestas son afirmativas, es momento de revisar tanto el significado de la política como el de la izquierda desde sus fundamentos históricos y filosóficos.

Los orígenes griegos de lo político

La palabra política tiene sus raíces en el término griego polis, que en la Antigua Grecia se refería a las ciudades-Estado como Atenas o Esparta. Estas entidades funcionaban como equivalentes a lo que hoy conocemos como Estado-nación. La polis representaba aquello que permitía hablar de un "nosotros", de una comunidad política compartida. Como señalaba Aristóteles, quien vivía fuera de la polis era considerado una bestia o un dios.

Fundamentalmente, la polis se refería a lo que pertenece no a cada ciudadano individualmente, como la propiedad privada, sino a todos en conjunto: lo público. Por esta razón, Aristóteles definía la política como el arte de organizar lo público. Esta distinción es crucial: la política no guarda relación alguna con la vida privada. De hecho, hablar de una "vida privada política" constituye prácticamente una contradicción retórica.

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La izquierda como posición sobre lo público

La izquierda, entonces, representa una posición específica acerca de cómo debe organizarse lo público. Esta concepción ha evolucionado significativamente a lo largo de la historia. Desde su nacimiento durante la Revolución Francesa, la izquierda ha englobado posturas tan diversas como:

  • El republicanismo
  • El comunismo
  • El socialismo democrático
  • La socialdemocracia
  • El progresismo

En la actualidad, tras el fin de la Guerra Fría, la izquierda se refiere principalmente a dos posturas fundamentales sobre la organización pública:

  1. La tesis de que el Estado debe garantizar un mínimo de dignidad humana donde el mercado no puede llegar
  2. La defensa radical del libre desarrollo de la personalidad, limitado solo cuando pone en riesgo la libertad ajena

La austeridad como elección personal

Este modelo de organización pública puede defenderse con o sin un estilo de vida austero. La austeridad puede servir a los creyentes para congraciarse con poderes superiores, pero entre los mortales, esta elección pertenece al ámbito de la vida privada. No guarda relación directa con la organización de lo público y, por tanto, no tiene conexión inherente con la política.

La creencia de que la izquierda exige austeridad ha tenido consecuencias negativas: ha alejado a muchos de esta posición política, especialmente a los sectores más privilegiados de la sociedad, por temor a ser acusados de incoherentes al satisfacer sus deseos más refinados.

El llamado a las élites

Ha llegado el momento de que las élites se pongan del lado de la justicia social y del bien común de la polis, en lugar de anteponer casi exclusivamente la maximización de sus privilegios. Como señalaba Marx refiriéndose a Aristóteles como "el más grande de todos los antiguos", la política tiene el potencial de satisfacer el más noble de los fines: el bien de la comunidad.

Los griegos incluso crearon una palabra para describir a quienes privilegiaban el desarrollo privado sobre el progreso público: "idiotas". Esta distinción histórica refuerza la separación fundamental entre las esferas privada y pública que define la verdadera naturaleza de la política.

La coherencia política no se mide por el estilo de vida personal, sino por el compromiso con la organización justa y equitativa de lo que nos pertenece a todos: el espacio público donde construimos comunidad.

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