El debate público para elegir a un nuevo presidente no es un favor ni una concesión, sino un mecanismo para que los ciudadanos se informen y comparen trayectorias, personalidades, capacidades y propuestas. La postura asumida por el candidato Iván Cepeda restringe indirectamente el derecho del elector a recibir información plural. Esto puede explicarse por la coyuntura de corrupción en que nuevamente se ve involucrado el gobierno de su promotor y asociado Gustavo Petro, así como por sus propios antecedentes que lo identifican con sectores extremos.
Un veto a los sectores de centro
En la práctica, se trata de un veto a los sectores de centro que, finalmente, decidirán las elecciones. Al final, Cepeda lo reconocerá como su mayor equivocación política. Pareciera estar deshojando una margarita: a veces dice que va a los debates y a veces que no. Elude los que le proponen en el Congreso y se atrinchera en el núcleo duro del petrismo, que no le alcanza para ganar las elecciones. Sabe, como todos sabemos, que se trata de una minoría inflada, con levadura, a punta de populismo puro y duro y engañosos e ilusorios aumentos en el salario mínimo que ya están siendo descontados por la inflación.
La paradoja de Cepeda
Su paradoja consiste en que, necesitando tanto los votos del centro, no puede exponerse a un debate que lo desnudaría. Le toca confiar en los esfuerzos del gobierno en lo que queda y en su capacidad de endoso de incautos, poco informados y, por lo general, escasamente formados electores. Cepeda es un comunista reconocido, nostálgico de proyectos revolucionarios del siglo antepasado. Las revoluciones de Marx y Lenin fracasaron en todo el mundo, y su única propuesta de régimen político comienza y termina con una dictadura. No se pueden disculpar con que a Marx se le olvidó escribir el capital de la política.
Preguntas sin respuesta
Puesto en evidencia, tendrá que dar respuesta a la pregunta de cómo va a resolver las contradicciones entre las dictaduras comunistas y la democracia, algo que nadie históricamente pudo. En el fondo, esa es la razón por la que no les sirve la Constitución de 1991 ni ninguna fundamentada en principios democráticos. Necesitan una en que su minoría pueda gobernar, y eso es imposible respetando contrapesos y principios democráticos. En un debate abierto, será puesto en evidencia y acabará espantando los votos del centro que él y sus contradictores necesitan.
Injerencia gubernamental y escándalos
La metida de mano del gobierno en el proceso electoral es cada vez más descarada. Una supuesta discusión teórica con la junta del Banco de la República no alcanza a ocultar los reiterados y crecientes escándalos de corrupción, ni la decidida participación en la promoción de Cepeda, candidato de un gobierno que, como él prometió, acabaría con la corrupción. ¿Alguien puede creerlo luego de lo observado? Antes de la señora Angie contra el señor Carrillo, tuvimos a Benedetti contra Laura Sarabia, con Marelbys de por medio. Y el fugitivo señor Carlos Ramón González. Todo eso ocurre y ha ocurrido en los pasillos de la oficina presidencial sin que el presidente asuma sus responsabilidades.
Dependencia del gobierno Petro
Al doctor Cepeda, el gobierno Petro le da y le quita. Sin él, no es nada, pero lo puede llevar a la derrota por una asociación que resulta imposible ocultar en un debate abierto. Es duro decirlo, pero, a diferencia de su jefe, deja la impresión de encontrarse escondido del escrutinio de la gran opinión. Todas las encuestas son más que claras y coinciden: en segunda vuelta perdería con cualquiera.



