Centralismo en Colombia: la lucha de las regiones por su autonomía
Centralismo en Colombia: regiones luchan por autonomía

La reciente queja de alcaldes y gobernadores ante la Federación Nacional de Departamentos contra el centralismo es justa y necesaria. Durante décadas, Colombia ha estado sometida a un sistema injusto e inequitativo donde desde Bogotá se decide todo lo relacionado con las regiones, que suelen vivir con presupuestos limitados, conseguidos generalmente después de muchas súplicas.

El impacto del centralismo en Santander

En Santander, esta nociva tradición ha frenado el desarrollo, empobrecido los municipios y las provincias, y postergado hospitales, colegios, obras básicas y, sobre todo, el estado de la malla vial departamental. Por ello, es necesario respaldar el reclamo de los gobernantes santandereanos.

Divisiones internas: un obstáculo adicional

Sin embargo, denunciar el centralismo no es suficiente. La historia regional está llena de oportunidades perdidas por culpa de disputas internas. Gobernantes de un mismo departamento sostienen rivalidades absurdas, alcaldes vecinos prefieren hundir proyectos conjuntos antes que ceder protagonismo, y los partidos políticos se devoran entre sí por cuotas burocráticas, en lugar de mediar y resolver diferencias en beneficio de la gente.

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Este ánimo de confrontación y antagonismo permanente ha servido a la causa del centralismo. Un poder central fuerte solo puede perpetuarse cuando las regiones están divididas y enfrentadas. Si cada municipio actúa por su lado, cada líder persigue su agenda personal y cada partido rompe la unidad, es imposible negociar de igual a igual con el presidente y su círculo. Así, las regiones terminan rogando favores en lugar de exigir derechos.

Oportunidades perdidas en el gobierno nacional

Otro resultado de esta situación es que los altos cargos del Estado se escapan de las regiones. Rara vez un ministro, director de departamento administrativo o superintendente proviene de estas tierras. Cuando llega alguno, suele ser por fidelidades personales, no por representación territorial, por lo que las necesidades regionales nunca llegan a la mesa del poder. El centralismo no es solo culpa del sistema, sino también de la incapacidad histórica de unirse y hacer valer los derechos.

Falta de liderazgo regional

No se trata solo de señalar la falta de voluntad política de los gobiernos nacionales. Para avanzar, hay que reconocer una carencia profunda de liderazgos políticos regionales capaces de anteponer el interés colectivo al cálculo partidista. Hay gobernantes que no saben negociar en bloque, que desconocen el arte de la alianza estratégica, y también un sector privado que no ha ganado suficiente espacio para impulsar una causa común. Así, el centralismo se vuelve un vicio de doble vía.

Propuesta para combatir el centralismo

La queja contra el centralismo será estéril si no se cambia la forma de actuar. Se necesitan mecanismos permanentes de coordinación entre gobernadores, alcaldes, partidos y empresarios. Una mesa de trabajo constante, con vocería única y capacidad de presionar al gobierno central con propuestas claras y respaldo ciudadano, no solo con quejas intrascendentes.

Esa voz unida debe llegar hasta los círculos más altos del poder, sin complejos ni timideces, a reclamar lo que corresponde: presupuesto, autonomía, decisiones compartidas y diligencia en la ejecución de las obras. Si se logra actuar como un solo cuerpo, con una sola voz, frente a cada gobierno nacional, la historia será otra. El centralismo se combate con mucha más eficacia cuando quien habla es toda una región con la fuerza de sus líderes y su gente.

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