La obscena felicidad de Trump y su reflejo en la política colombiana
"¡Bien! Me alegro de que haya muerto...". Esta impactante declaración no proviene de un guion cinematográfico ni de las palabras de un capo del narcotráfico. Sorprendentemente, fue publicada por el presidente de Estados Unidos en su red social Truth el 21 de marzo, refiriéndose al fallecimiento de Robert Mueller, el fiscal que investigó la interferencia rusa en las elecciones de 2016. Mueller determinó que Rusia sí intervino para favorecer a Trump, aunque no estableció su participación directa. La reacción del mandatario estadounidense, celebrando la muerte de quien lo investigó, revela una peligrosa normalización del odio político.
Cuando las amenazas se vuelven digitales
Este fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos. En Colombia, las campañas electorales han incorporado nuevas formas de violencia digital que amenazan a candidatos y figuras públicas. El 12 de abril, a las 7:45 a.m., Álvaro Uribe repostó en sus redes una imagen macabra originada en TikTok: una corona fúnebre con la foto de la candidata Paloma Valencia, sus años de nacimiento y muerte (1978-2026), y la leyenda "descanse en paz". Horas más tarde, Mauricio Gómez Amín denunció una imagen similar con el candidato Abelardo de la Espriella, acusando injustamente a Iván Cepeda de guardar silencio ante estos hechos.
La realidad fue muy diferente. Cepeda había condenado las amenazas contra Valencia a las 11:32 a.m. del mismo día, casi cuatro horas antes de la acusación de Gómez Amín. En su cuenta de X, el candidato del Pacto Histórico declaró: "Condeno cualquier forma de agresión o violencia política contra mis adversarios. Llamo al respeto y a tratar con cuidado toda diferencia".
El origen de las imágenes y la respuesta institucional
Una investigación posterior reveló que la plantilla de la corona fúnebre había sido creada originalmente para amenazar a un funcionario de Soacha, Cundinamarca, el 8 de abril. Cuatro días después, fue adaptada para atacar a los candidatos presidenciales. A pesar de tratarse de una copia, la gravedad de las amenazas fue reconocida por múltiples actores políticos:
- Partidos políticos de diversas tendencias
- Congresistas de diferentes bancadas
- Excandidatos presidenciales
- El Gobierno Nacional, incluyendo al Ministerio de Defensa que ofreció 1.000 millones de pesos por información
Todos condenaron unánimemente estas acciones, reconociendo el riesgo que representaban para la integridad de los candidatos.
La selectiva indignación y el silencio cómplice
Sin embargo, esta unanimidad se rompió días después cuando ocurrió un ataque contra Iván Cepeda en Medellín. Vandales atacaron una sede política y una pancarta con su imagen, cubriendo su rostro con pintura roja que simulaba sangre. Este hecho no recibió ninguna condena de los sectores políticos ajenos a la izquierda, contrastando marcadamente con la rápida reacción ante las amenazas a Valencia y De la Espriella.
La doble moral se hizo aún más evidente cuando el presidente Gustavo Petro alertó sobre posibles planes para atentar contra Cepeda. Muchos de quienes habían condenado las amenazas anteriores desmintieron al mandatario sin considerar los riesgos documentados que enfrenta el líder del Pacto Histórico. El mensaje implícito parece ser que, por su orientación política izquierdista, las amenazas contra Cepeda merecen menos atención o preocupación.
Discurso inflamatorio y normalización de la violencia
Álvaro Uribe Vélez ha contribuido a este clima polarizado con declaraciones como: "los responsables directos de un intento de magnicidio contra Paloma Valencia dan la orden de votar por Iván Cepeda" y "la paz total de Petro y Cepeda asesinó a Miguel Uribe". Estas acusaciones, sin fundamento probatorio, alimentan la narrativa que justifica la violencia política selectiva.
Lo más preocupante es que este sector político comparte con Trump la mentalidad que celebra el sufrimiento de sus adversarios, aunque en Colombia prefieren mantener estas intenciones en privado. La hipocresía se convierte en un instrumento político, donde se condena públicamente la violencia mientras se alimenta indirectamente a través del discurso.
Reflexiones finales sobre la salud democrática
Las amenazas digitales representan un nuevo frente en la violencia política colombiana. Su naturaleza anónima y viral las hace particularmente peligrosas, mientras que la respuesta diferenciada según la víctima revela profundas fracturas en el compromiso democrático. La protección de todos los actores políticos, independientemente de su ideología, es fundamental para preservar la integridad del proceso electoral y la convivencia nacional.
El caso de las coronas fúnebres en redes sociales no es un incidente aislado, sino parte de un patrón preocupante que requiere atención urgente de las autoridades, los medios de comunicación y la sociedad en general. La democracia colombiana se fortalece cuando todas las voces pueden expresarse sin temor, no cuando algunas son silenciadas mediante amenazas digitales o ataques físicos.



