La degradación del debate electoral colombiano
La politiquería actual desprende un olor nauseabundo, comparable a las aguas negras de una cañería rota. Las redes sociales como Twitter, TikTok e Instagram están completamente inundadas por este fenómeno. Lo que alguna vez fue una contienda electoral se ha transformado en el espectáculo más denigrante y vergonzoso que he tenido la desgracia de presenciar, o más exactamente, de leer y escuchar repetidamente.
Medios de comunicación y el veneno de la polarización
Es prácticamente imposible apartarse del tufo que emana de esta situación. Revistas, periódicos, noticieros radiales y programas televisivos expulsan constantemente odio, polarización, veneno y excrementos verbales. Los candidatos parecen carecer por completo de ideas sustanciales que ofrecer o programas de gobierno coherentes, pero en cambio poseen y utilizan un vocabulario profundamente denigrante.
Sus intervenciones públicas se reducen a escupitajos retóricos, acusaciones infundadas y señalamientos vacíos. Se atacan mutuamente con comentarios superficiales sobre apariencias físicas o características personales, en lugar de debatir propuestas concretas para mejorar el país.
Las aterradoras vallas publicitarias
Las vallas publicitarias para las elecciones de Cámara y Senado generan genuino susto entre la ciudadanía. Exhiben sonrisas postizas, dientes artificialmente blanqueados y mensajes claramente mentirosos. Algunos candidatos muestran tal nivel de soberbia que ni siquiera se molestan en incluir su apellido completo, dando por sentado que todo el mundo debería saber quiénes son.
Esta arrogancia refleja una desconexión preocupante con la realidad del electorado colombiano, que busca líderes genuinos y no figuras vacías de contenido.
Búsqueda de refugio y higiene mental
Ante este panorama desolador, he encontrado refugio en los libros, que se han convertido en mi salvación personal y mi principal herramienta de higiene mental. En mis reuniones con amigos de toda la vida, hemos establecido la prohibición expresa de hablar sobre política y, por supuesto, de enfermedades, para preservar nuestra salud emocional.
Mi decisión de voto será por Sergio Fajardo si logra llegar a la segunda vuelta presidencial. De lo contrario, optaré por el voto en blanco como he hecho en elecciones anteriores. Prefiero cualquier alternativa antes que convertirme en cómplice de tanta mediocridad política acumulada.
Tomaré lo que llamo Smecta Mental, una metáfora para describir las estrategias necesarias para controlar el daño estomacal y mental que provoca esta intoxicación discursiva.
Un cambio de tema necesario
Posdata: Cambio drásticamente de tema para recomendar la película Hamnet, la mejor producción cinematográfica que he visto en los últimos años. Verla y sentirla representa una oportunidad para reconectarse con valores humanos esenciales como el amor, la compasión, el dolor genuino y la capacidad de perdón.
No es casualidad que esta obra esté arrasando con todos los premios importantes de la industria. Representa un recordatorio poderoso de que todavía es posible sentir que late el corazón humano ante expresiones artísticas auténticas.