El regreso de un símbolo histórico en la política colombiana
La figura de Regina 11, la excéntrica y polémica líder política de los años 80 y 90, ha vuelto a la conversación pública de manera inesperada. El resurgimiento de uno de sus símbolos más emblemáticos -la escoba- ha generado un intenso debate en medio de la actual campaña electoral colombiana.
Fajardo adopta el símbolo de la limpieza política
El pasado 6 de abril, el candidato presidencial Sergio Fajardo, acompañado por su fórmula vicepresidencial Edna Bonilla y el exsenador Jorge Robledo, presentó su propuesta anticorrupción rodeado de escobas. El gesto no pasó desapercibido, ya que este objeto fue precisamente el que Regina Betancourt de Liska, conocida como Regina 11, utilizó para representar la "limpieza" contra la corrupción durante su carrera política.
"Vamos a llegar a construir, pero primero hay que limpiar la casa, porque un cambio serio y seguro inicia barriendo a los corruptos", aseguró Fajardo durante el evento. El candidato prometió mantener la escoba como emblema hasta el final de la contienda electoral, reviviendo así un símbolo que marcó una época en la política nacional.
El legado controvertido de Regina 11
Regina 11 fue una figura disruptiva en la política colombiana de finales del siglo XX. Su partido, el Movimiento Unitario Metapolítico, la llevó a postularse a la presidencia en 1990 y 1994, convirtiendo la escoba en el símbolo máximo de su movimiento. Sus seguidores llevaban la bandera nacional sobre escobas en manifestaciones públicas, mientras Regina combinaba política con profecías, rituales y un estilo único que la hizo memorable.
Sin embargo, su carrera estuvo marcada por la controversia. Fue secuestrada en 1996 y posteriormente perdió su investidura tras ser condenada por corrupción en su Unidad de Trabajo Legislativo (UTL), una ironía para quien había hecho de la lucha contra la corrupción su bandera principal.
Reacciones divididas en redes sociales
La reaparición de la escoba en la campaña de Fajardo ha generado opiniones encontradas en las plataformas digitales. Algunos usuarios califican la estrategia como "caricaturesca" y un intento simplista de abordar un problema complejo como la corrupción. Otros, en cambio, valoran el símbolo por su fuerza histórica y su mensaje claro contra las prácticas corruptas.
Este resurgimiento plantea preguntas fundamentales sobre la capacidad de la política para reinventarse utilizando imágenes del pasado. La pregunta que flota en el ambiente es si la historia puede realmente repetirse en las urnas, o si se trata simplemente de un recurso simbólico sin sustento programático real.
La escoba de Regina 11, que en su momento representó una crítica frontal al establecimiento político, vuelve ahora como parte de la campaña de un candidato que busca posicionarse como alternativa al sistema tradicional. El tiempo dirá si este símbolo recupera su poder movilizador o queda como una simple referencia nostálgica en el panorama electoral colombiano.



