Exigencias y vetos entorpecen debates presidenciales a un mes de la primera vuelta
Exigencias y vetos entorpecen debates presidenciales

“Debatamos ya. El país está mirando”. Con esa frase, la candidata Paloma Valencia retrató el momento que atraviesa el llamado reto de los debates presidenciales: lejos de acuerdos para definir el espacio entre los principales candidatos, lo que se ha impuesto es un intercambio de mensajes marcado por la controversia sobre las reglas de juego y el veto a otros aspirantes.

La propuesta de Cepeda y la reacción de sus oponentes

El revuelo lo desató el puntero en las encuestas, Iván Cepeda, quien, tras meses de negarse a participar en estos escenarios, propuso a Paloma Valencia y al abogado Abelardo de la Espriella un cara a cara para que los colombianos vean confrontar “dos posiciones claramente opuestas que representan una visión radicalmente distinta”. La iniciativa, sin embargo, dejó por fuera al centro –encabezado por Sergio Fajardo y Claudia López– y, de paso, a los demás candidatos que completan el tarjetón de la primera vuelta. Además, Cepeda habla de limitar temas y condicionar a medios y moderadores.

Su apuesta, según fuentes cercanas a su campaña, se explica porque en las elecciones al Congreso se marcó un escenario claro entre izquierda y derecha, lo que explica las mayorías de Pacto Histórico y Centro Democrático. En la otra orilla, en cambio, ven a un Cepeda que finalmente decide aceptar los debates como resultado de los números de las encuestas: si bien sigue punteando, no crece al ritmo que necesita y el pulso se aprieta en los posibles escenarios de segunda vuelta.

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Desacuerdos sobre las reglas de juego

Pese a todo el ruido generado, las negociaciones para darle forma a estos debates no han arrancado. Y es que, si bien tanto Valencia como De la Espriella le dieron el sí a Cepeda –recalcando que llevan semanas cuestionando su ausencia en estos espacios–, hay desacuerdos evidentes frente a lo que consideran condiciones leoninas, casi imposibles de cumplir. Entre ellas, la limitación para abordar temas álgidos como la ‘paz total’.

“Cepeda no quiere un debate: quiere un espectáculo controlado, con preguntas aprobadas, temas preestablecidos y un guion escrito a su medida”, apuntó De la Espriella, quien solo se mostró alineado con la idea de deliberar con máximo tres adversarios.

Además de restarle peso a temas como la seguridad, al interior de la campaña del candidato del Pacto Histórico consideran que factores como el escenario, la moderación y los tiempos de intervención deben revisarse o, de lo contrario –dicen– pueden conducir a una “encerrona”.

No obstante, Valencia cuestionó que su equipo se quedó esperando la puesta en marcha de contactos para conversar sobre esos temas. Y fue el propio Cepeda el que volvió a poner en entredicho su participación. “He dicho que reto al debate a los candidatos de la extrema derecha, pero que se olviden, no me voy a someter a cualquier clase de condiciones. Y mucho menos me prestaré al intento de someter la dignidad del Pacto Histórico a la cultura del espectáculo”, manifestó el jueves desde Pereira.

Al cierre de esta edición, no se han nombrado compromisarios para definir las reglas de juego, aunque el articulador de la campaña de Cepeda, Juan Fernando Cristo, insistió en que el candidato oficialista no ha desistido de su idea de debatir. “Empezaremos a avanzar con compromisarios en las reglas de juego de los debates. Por el momento no sabemos quiénes serán los compromisarios; eso lo definirá el candidato Cepeda”, dijo Cristo.

La postura del centro

Las campañas de Fajardo y López empezaron rápidamente a moverse para impedir lo que consideran una estrategia finamente calculada desde el aspirante del oficialismo de centralizar el debate entre figuras totalmente contrarias y borrar del mapa al centro. “¿Por qué le conviene? Porque ninguno de ellos le rompe el esquema”, apuntó Fajardo.

La exalcaldesa de Bogotá, por su parte, apeló al artículo 23 de la Ley de Garantías Electorales (Ley 996 de 2005) para exigir tres debates presidenciales de una hora en el sistema de medios públicos, con la participación de todos. “La ley es para cumplirla. Vamos a mandar una comunicación recordando esto”, indicó López.

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Como el Senado se ha convertido en el único espacio en el que ha podido debatir con el candidato del Gobierno, Paloma Valencia invitó a todos los candidatos al Congreso para que la discusión electoral se realice en ese escenario. Su idea es que asistan como invitados a un debate de control político contra el Ministerio del Interior para que rinda cuentas de qué se viene haciendo para blindar las elecciones. Su propuesta no tuvo mucho eco, pues en algunas campañas esta fue vista como una iniciativa sin reglas claras en la que Valencia y Cepeda tendrían mayores ventajas. En esa línea, la postura es que los espacios los organicen los medios de comunicación.

“El Congreso está para legislar y ejercer control político; no es una ventana para campañas y candidatos”, señaló De la Espriella. “Estoy listo para el debate, pero donde corresponde: en medios, en la plaza pública”.

Análisis de expertos

Para el politólogo de la Universidad Nacional, Alejandro Chala, los choques de esta semana esfuman las posibilidades de un debate concertado. “Los costos de negociación con los antagonistas políticos son demasiado altos como para que haya un ejercicio de negociación y cesión potencial en los próximos meses”, señaló. Liliana Gómez, doctora en Ciencia de la Información y de la Comunicación de la Javeriana, afirmó que, si bien los debates son “importantes para mostrarse y ver posturas”, solo impactan en el electorado si “pasa algo muy grave o algún candidato se ve en extremo desconectado, ridículo o mal preparado”. El país, mientras tanto, seguirá a la expectativa.