El ocaso político de Sergio Fajardo: una trayectoria marcada por errores estratégicos
La carrera política de Sergio Fajardo parece encaminarse hacia un estruendoso fracaso, según análisis de expertos que señalan cómo en apenas cuatro años ha destruido aproximadamente el 80% de su capital político inicial. Lo que comenzó como una prometedora figura del centro progresista colombiano se ha transformado en un caso de estudio sobre cómo la desconexión con la realidad nacional y decisiones equivocadas pueden erosionar incluso las bases más sólidas.
De los inicios prometedores a la desconexión progresiva
La historia política de Fajardo despegó en 2010 como fórmula vicepresidencial de Antanas Mockus, en una campaña que capturó la imaginación de la juventud y el progresismo colombiano. Aquella alianza logró un respetable resultado de 3,6 millones de votos en segunda vuelta contra Juan Manuel Santos, estableciendo lo que parecía ser el paradigma de la "nueva política" centrista.
En 2018, Fajardo alcanzó su punto máximo electoral al presentarse con Claudia López como compañera de fórmula, obteniendo 4,6 millones de votos que representaban el 24% del electorado. Esta cifra lo colocaba apenas 250.000 votos por debajo de Gustavo Petro, quien pasaría a segunda vuelta contra Iván Duque. Sin embargo, fue en este momento crucial donde comenzó su declive.
Decisiones que marcaron su destino político
En lugar de tomar una posición clara tras la primera vuelta de 2018 -ya fuera apoyando a Petro, a Duque, llamando al voto en blanco o a la abstención- Fajardo optó por una estrategia evasiva que sería recordada como su "error ballenas". Alegó ir a "ver ballenas" en una época donde ni siquiera era temporada de avistamiento en Colombia, generando burlas y desconfianza tanto en sectores progresistas como conservadores.
Mientras Claudia López capitalizaba el momento para lanzarse exitosamente a la Alcaldía de Bogotá, Fajardo quedaba al margen de la contienda política nacional, perdiendo relevancia progresivamente. Su desconexión con las bases que lo habían apoyado comenzaba a hacerse evidente.
La consulta de 2022 y nuevas equivocaciones
Para las elecciones de 2022, Fajardo participó en una consulta interpartidista de lujo que incluía figuras como Juan Manuel Galán, Carlos Amaya, Jorge Enrique Robledo y Alejandro Gaviria. Aunque ganó esta consulta con 723.000 votos de un total superior a los 2 millones, cometió otro error estratégico crucial.
En primera vuelta presidencial, en vez de aliarse con alguno de sus compañeros de consulta que representaban un caudal electoral significativo, optó por Luis Gilberto Murillo como fórmula vicepresidencial. El resultado fue desastroso: apenas 880.000 votos y un cuarto lugar con solo el 4% del total.
El episodio más bochornoso: el intento con Rodolfo Hernández
Pero lo peor estaba por llegar. Para la segunda vuelta entre Gustavo Petro y Rodolfo Hernández, Fajardo solicitó una cita con el ingeniero santandereano para ofrecerle su apoyo condicionado a la adopción de su plan de gobierno. Hernández lo despachó indignado por la pretensión de imponer condiciones después del pobre desempeño electoral de Fajardo.
Mientras tanto, Murillo ya había corrido a apoyar la campaña de Petro, dejando a Fajardo completamente aislado en una contienda donde incluso su mentor original, Antanas Mockus, apoyaba al candidato ganador.
La versión 2026: un candidato desgastado y desconectado
La actual versión de Fajardo como precandidato presidencial para 2026 muestra a una figura política desgastada y gris, pero aún pretensiosa. Su miopía ante la realidad del desplazamiento del centro político colombiano parece persistir, ignorando cómo ese mismo centro que una vez lo apoyó le cerró las puertas hace cuatro años.
No ha aprendido las lecciones que la política le ha dado repetidamente: su altanería moral, su desprecio hacia las bases que lo apoyaron en 2018, y su incapacidad para tomar posiciones claras en momentos de crisis nacional. Mientras figuras como Paloma Valencia e Iván Cepeda han capturado espacios del espectro político con posiciones definidas, Fajardo permanece en una cámara de vacío política.
La patética realidad actual
Lo más preocupante de su situación actual es cómo, junto a María Ángela Holguín, pretende definir quién es o no de centro, descalificando especialmente a Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo, pero también a Iván Cepeda -todos ellos con resultados electorales recientes superiores a los suyos.
Su candidatura es avalada por Dignidad y Compromiso, un partido formado por retazos del Polo Democrático y vestigios del Moir que solo cuenta con una senadora propia: Jennifer Pedraza. Un apoyo institucional débil para alguien que alguna vez representó una fuerza política significativa.
El legado dilapidado y el futuro incierto
Todo indica que 2026 marcará el fin de las pretensiones presidenciales de Sergio Fajardo, quien tomó el valioso legado político de Antanas Mockus -que identificó a toda una generación- y lo dilapidó a través de una sucesión de errores estratégicos y desconexión con la realidad política nacional.
Es poco probable que tenga un momento de claridad y humildad para reconocer que retirarse y adoptar una posición coherente sería más representativo del centro que pretende encarnar. Asumir posiciones ajenas a sus intereses inmediatos parece algo que no digiere, y por eso se encuentra donde está: al borde de la irrelevancia política total después de haber destruido sistemáticamente su propio capital político.



