Este 4 de mayo se publicó un informe que recoge más de 260 testimonios de periodistas, practicantes y trabajadoras de medios, denunciando un patrón sistemático de acoso sexual y laboral en Colombia. El documento, divulgado por el movimiento Yo te creo colega, fue elaborado por las periodistas Juanita Gómez, Paula Bolívar, Laura Palomino, Catalina Botero y Mónica Rodríguez. En él se documentan relatos que abarcan más de dos décadas y que, según sus autoras, evidencian una "cultura repetida" de abuso de poder, silencio e impunidad dentro del ejercicio periodístico.
De acuerdo con el informe, el 80 % de los casos se concentra en medios televisivos, mientras que el resto se distribuye entre prensa escrita, radio y plataformas digitales. Los testimonios describen dinámicas similares: acercamientos que inician con halagos profesionales o promesas de crecimiento, seguidos de insinuaciones, presiones o conductas no consentidas. "Me dijo que podía ayudarme a conseguir un trabajo en el canal, que veía potencial en mí, pero que debía 'portarme bien'", relata de manera anónima una de las periodistas citadas en el documento.
El informe identifica un elemento común en la mayoría de los casos: los presuntos agresores ocupaban cargos de poder, como directores, presentadores o jefes, con capacidad de influir en la trayectoria profesional de las víctimas. Esta relación desigual convertía el rechazo en un riesgo laboral. "Sentí que mi carrera dependía de lo que aceptara o no", señala otro de los testimonios recogidos.
Entre los casos documentados, la periodista Juanita Gómez narra un episodio ocurrido en 2015 durante un cubrimiento en Chile, cuando un colega intentó besarla sin su consentimiento en un ascensor. "Tuve que quitármelo de encima, a la fuerza", relata, al recordar una experiencia que durante años fue normalizada dentro del oficio. Por su parte, la periodista deportiva Lina Tobón asegura haber sido víctima de un beso forzado cuando tenía 17 años y daba sus primeros pasos en televisión. Años después, ya en un medio nacional, denunció tocamientos no consentidos por parte de un colega de mayor jerarquía. Tras rechazarlo, afirma, comenzó un proceso de acoso laboral que terminó con su renuncia. "Hasta que me tocó un seno (...) me quedé paralizada", relata en el informe.
El documento también advierte sobre la falta de canales efectivos de denuncia y la revictimización institucional. "Lo hablamos y no pasó nada", coinciden varias voces, que explican el silencio como una estrategia para evitar represalias laborales o daños a su reputación. Más allá de las consecuencias profesionales, el informe subraya el impacto emocional de estas experiencias: ansiedad, estrés e incluso el abandono del periodismo. "No solo hay abuso, también hay pérdida de talento", advierte el texto.
El contexto actual refleja un aumento en las denuncias públicas. Desde marzo, Colombia atraviesa una ola de señalamientos por presunto acoso en medios de comunicación, lo que ha llevado a respuestas institucionales. El Ministerio del Trabajo inició inspecciones a varias entidades, entre ellas RTVC, tras denuncias que involucran a su gerente, Hollman Morris. Asimismo, Caracol Televisión anunció la salida del presentador Jorge Alfredo Vargas por mutuo acuerdo y el despido del periodista deportivo Ricardo Orrego, en medio de denuncias públicas. Pese a estos movimientos, el informe concluye que persisten fallas estructurales en la prevención y sanción del acoso dentro de los medios. Para sus autoras, no se trata de un fenómeno coyuntural, sino de un problema acumulado durante años. "El silencio no es consentimiento, es una estrategia de supervivencia", concluye el documento.



