La lucha por la justicia de una mujer trans en Colombia
Frente a las grandes puertas azules de la cárcel de Villanueva, Andrea Burgos, conocida en redes sociales como La Burgos, se reencontró finalmente con su familia después de una batalla legal que expuso las profundas fallas del sistema judicial colombiano contra las personas trans, negras y empobrecidas.
Un caso que conmovió al activismo y los medios
Mucho antes de que su nombre se convirtiera en titular de prensa o en ejemplo de lo que activistas denominan falso positivo judicial, Andrea Burgos, de 26 años, se había forjado un camino como influencer en Buenaventura. Criada en un matriarcado por su madre y su tía, aprendió desde pequeña a sobrevivir en un territorio marcado por el machismo arraigado, donde rara vez hay espacio para la comunidad LGBTIQ+.
Su calvario comenzó en 2018, cuando durante una requisa, las autoridades reportaron que había arrojado una escopeta cargada sobre el andén de una vivienda. Burgos siempre mantuvo su inocencia, explicando que se encontraba en el lugar después de asistir a un funeral y que, al ver correr a varias personas, decidió quedarse observando lo que ocurría. A pesar de su versión, fue detenida inmediatamente y, según su defensa, agredida física y verbalmente por su orientación sexual y expresión de género diversa.
Irregularidades que mancharon el proceso judicial
El proceso que siguió estuvo plagado de irregularidades. No se le garantizó el derecho a ser escuchada, avanzó sin una defensa real y presentó múltiples vacíos procedimentales. Aun así, fue condenada a nueve años de prisión por el delito de fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas, comenzando a cumplir la sentencia el 17 de enero de 2025.
Mientras estuvo privada de la libertad, su caso resonó en el activismo y los medios de comunicación. El Colectivo Justicia Racial asumió su defensa, su madre se convirtió en voz incansable de su inocencia, se organizaron movilizaciones y más de 60.000 personas firmaron una petición exigiendo su libertad. Todos estos esfuerzos pedían a la Corte Constitucional revisar lo que claramente parecía un falso positivo judicial: el de una mujer trans empujada a los márgenes del sistema, pagando una condena sin haber tenido un debido proceso.
La espera dentro de los muros carcelarios
Desde dentro de la cárcel, La Burgos seguía las noticias a través de un teléfono azul. "Mi mamá me contaba todo. Cuando dijeron que llegó a 60.000 firmas, cuando todos esos grupos étnicos, grupos culturales, de la comunidad LGBTIQ+ hicieron la marcha en Bogotá, todos pidiendo por mi salida, diciendo que querían verme afuera, que yo no merecía estar allá, eso fue lo más maravilloso que me pudieron contar", relata en entrevista con El Espectador.
Finalmente, el 6 de abril de este año, la Sala Primera de Revisión de la Corte Constitucional revocó su condena, reconociendo que el proceso judicial estuvo viciado por irregularidades. Al día siguiente, frente a esas mismas puertas azules, su madre, su tía y su mejor amiga la esperaban con un letrero de bienvenida decorado con flores amarillas, recibiéndola entre lágrimas y abrazos.
La construcción de familia dentro de la adversidad
Durante su encierro, La Burgos no estuvo sola. En un pabellón que compartía con otras personas LGBTIQ+, construyó lo que ella llama su familia elegida. "Ellas mismas me pusieron un apodo con mucho sentimiento, me decían 'la madre'. Me volví una madre para ellas. Ese amor que no les dio su familia, se los di yo", explica. Esta figura de las "madres trans" es significativa dentro de la población sexodiversa: mujeres que, sin vínculo biológico, acompañan a otras desde la experiencia compartida y la voluntad de cuidar, siendo apoyo en un contexto donde la transfobia cierra puertas o, en los casos más extremos, arrebata vidas.
En Colombia, la esperanza de vida de las personas trans es de apenas 35 años, un dato que hace aún más significativo el apoyo mutuo que Burgos encontró y brindó dentro de la cárcel. Pintó paredes, creó espacios de oración y pidió a su madre que llevara ropa y detalles para sus compañeras, llegando incluso a darles "estreno" en diciembre a algunas de ellas.
Mirando hacia el futuro con esperanza
Actualmente, La Burgos ha retomado la creación de contenido para redes sociales, que no solo es su pasión sino también un apoyo económico. Sin embargo, su conexión con la cárcel no ha terminado completamente: mantiene el compromiso con su amiga Vicky, quien aún se encuentra privada de la libertad. "Para cuando salga le tengo una estabilidad, le tengo una familia esperándola, porque su familia la dejó sola, y mi familia se volvió su familia", afirma con determinación.
Al cerrar la entrevista, Burgos expresó su agradecimiento a quienes hicieron posible su libertad: "Gracias a la Corte, esas personas superiores confiaron en mí y vieron que sí hubo un fallo. Gracias a ellos, de corazón, porque son personas que muestran que no todos son malos, que de verdad están actuando con justicia. Y gracias a mi abogado Alí, de Justicia Racial, que estuvo en todo momento y reunió mucho público, mucho amor, mucha justicia".
Su caso se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la transfobia institucional y un recordatorio de que, incluso en los espacios más adversos, la dignidad y la solidaridad pueden florecer cuando las comunidades se unen para exigir justicia.



