Perrodistos, periolistos, petrolismos: el periodismo en la era Petro
Perrodistos, periolistos, petrolismos: periodismo en era Petro

Los periodistas éramos perolistos, aquellos que siempre ponían peros a todo, o perrodistos que ladraban para defender la democracia y lo público, asustando a los poderosos. Pero hoy nos hemos convertido en periolistos, como dice Pere Ortín: listillos traviesos que se emocionan con un like y la expansión de sus egos. Y hemos llegado a ser petrolismo, donde toda la información gira en torno a Petro, porque solo él nos ilumina y da clics, amén.

El circo del periodismo

Los periodistas hemos devenido el espectáculo: payasos, malabaristas, leones y animales exóticos de la sociedad. No producimos risa, solo indignación. Los medios se han convertido en carpas de circo de pueblo pobre: exhiben las costuras de las carpas, la precariedad del show y que todo es por el amo. Los periodistas somos el animalito exótico que recibe látigo y galletas del amo. Somos el chiste. Y no producimos risa. Todo pasa por nuestra santísima culpa (¡lo estamos haciendo muy mal!) y, obvio, por el demonio de Petro.

Petro y la destrucción del periodismo

Una de las grandes obras de Petro ha sido explosionar y destruir al periodismo colombiano. Petro, como Trump, Milei o Bukele, no está en X para hablar con el pueblo ni para gobernar: está para entretener, provocar y destruir periodistas. Los periodistas nos hemos convertido en perrodistas hambrientos de sus tuits. Petro crea sus propios escándalos, filtraciones y melodramas; se convierte en opositor de sí mismo para enervar a los periodistas que lo odian y excitar a quienes lo aman.

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Cada petrotuit es ladrado al unísono por los periodistas que reaccionamos como perrodistas mascotas domesticados; o como periodistas rabiosos y creyentes de nuestra superioridad moral; o como periodistas callejeros que buscan sangre y semen para existir; o como periodistas prepagos, postpagos o encamados con el dueño del circo; o como periodistas que hacen negocio con la información, donde detrás de cada noticia y opinión parece haber un financiador; o como periodistas onegeros de la buena moral y el buen pago.

La mediocridad unificada

Petro ha logrado que todos los periodistas seamos iguales, todos unidos en la mediocridad, algo así como el tango Cambalache: “hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor; ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. Todo es igual, nada es mejor. Lo mismo un burro que un gran profesor”. Da lo mismo ser periodista de medio de referencia, de pasquín semanal, digital, de izquierda o derecha, de investigación u homilía… todos somos iguales, hemos sido igualados por Petro: somos la bazofia social.

El periodismo perdió para siempre. Por eso los periodistas peleamos como perros y gatos: los de Petro, los de Uribe, los de la élite bogotana, los de los empresarios, los de Paloma, los de De la Espriella, los de Cepeda… ¡Qué patético show estamos dando!

La salida: reportería de verdad

Todo sería mejor si practicáramos la reportería como método de rigor periodístico: diversidad y pluralidad de fuentes, contexto y criterio. Pero mientras tanto, seguimos siendo perrodistos, periolistos y petrolismos.

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