El primer ministro británico, Keir Starmer, que hace solo dos años ganó las elecciones con una victoria arrolladora, se enfrenta ahora a su crisis más severa y su continuidad está en entredicho. Más de 100 diputados laboristas piden ya públicamente su dimisión, luego de que el martes dos secretarias de Estado renunciaran a sus cargos.
El origen de la crisis
La crisis se desató por un escándalo en torno al nombramiento y posterior destitución de Peter Mandelson como embajador británico en Washington, tras revelarse sus vínculos con el delincuente sexual estadounidense Jeffrey Epstein. Starmer, quien asegura que quiere "seguir gobernando", debe enfrentar las reglas del Partido Laborista para un posible relevo.
Escenario 1: Moción de confianza
Una moción de confianza en el Reino Unido es un mecanismo parlamentario fundamental donde la Cámara de los Comunes vota para determinar si respalda al gobierno en funciones. Si el gobierno pierde, debe dimitir o convocar elecciones generales anticipadas. En 2016, el partido vivió una crisis similar cuando Jeremy Corbyn perdió una moción de confianza (172 votos contra 40), pero se negó a dimitir.
Escenario 2: Convocatoria de primarias
Según los estatutos del Partido Laborista, si al menos una quinta parte de su grupo parlamentario lo solicita (mínimo 81 diputados en el parlamento actual), el primer ministro debe dar un paso al costado y convocar elecciones primarias. Sin embargo, no hay un candidato claro para suceder a Starmer. Por la izquierda suenan Andy Burnham, alcalde de Manchester; Angela Rayner, ex viceprimera ministra; y Ed Miliband, ministro de Energía. Por la derecha, destacan Wes Streeting, ministro de Sanidad; Shabana Mahmood, ministra de Interior; y Yvette Cooper, ministra de Exteriores. Burnham es el más popular entre ellos.
Escenario 3: Gobierno en transición
Los cargos de líder del partido y jefe de gobierno van unidos, aunque un líder depuesto podría seguir gobernando hasta la elección de su sucesor. Por ejemplo, en 2007 Tony Blair anunció su dimisión y Gordon Brown tardó más de un mes en asumir, durante el cual Blair continuó como primer ministro con plenos poderes hasta la audiencia con la reina Isabel II.



