Abstención electoral: reflexión sobre el deber de votar en blanco
Abstención: el deber de votar en blanco

Votar en las próximas elecciones es hacer valer el dictamen de cada ciudadano, en tanto su opinión, juicio o parecer razonado respecto a los diferentes candidatos y sus discernimientos sobre los problemas del país y sus propuestas al respecto. Por eso, antes de abstenerse y simplemente no votar por carecer de una opinión concluyente, lo responsable es considerar que votar no es apenas un derecho constitucional, sino un deber social para con aquellas personas con las que se comparte la nación y una comunidad, sin importar su tamaño.

Se trata de los conciudadanos, expresión que proviene del latín, con-civis, y que alude a un sentido de pertenencia comunitaria, en tanto un vínculo que relaciona a cada individuo con el grupo al que pertenece, y que debe generar afecto y solidaridad entre las personas que lo componen, basado en el respeto a la dignidad y la igualdad de los derechos y deberes de todos, incluyendo el votar en las elecciones y no una persona centrada únicamente en sus asuntos privados y que no participa en la vida pública de su comunidad, y que otros decidan.

El derecho es el conjunto de normas, principios y reglas que regulan la conducta humana en sociedad; su objetivo principal es mantener el orden, garantizar la justicia, la libertad y resolver los conflictos de manera pacífica, siendo su cumplimiento obligatorio y respaldado por el Estado. El deber es una obligación, responsabilidad o compromiso moral, ético o legal que tiene una persona para actuar de cierta manera o cumplir con una tarea específica; y lo especial en este caso es que el derecho legal a votar lleva al deber ético de hacerlo.

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La ética se refiere a la conducta de los seres humanos, analizando qué es lo correcto, incorrecto, bueno o malo en cada situación, con el propósito de ayudar a tomar decisiones que sean responsables y vivir en armonía con los demás, en tanto el equilibrio, la proporción y la correspondencia entre las distintas partes de la comunidad. Es una reflexión personal y crítica sobre el por qué se deben seguir las normas relacionadas con las tradiciones de un grupo, como lo son las elecciones, pero en las que ahora se cuenta con el voto en blanco.

Si ninguno de los actuales candidatos convence, lo procedente es votar en blanco para hacer pública dicha conclusión, y no abstenerse, aprovechando que es “una expresión política de disentimiento, abstención o inconformidad, con efectos políticos” (sentencia C-490 de 2011) y si es mayoría absoluta obliga a nuevas elecciones con nuevos candidatos y cuáles son los principales problemas que identifican y priorizan, y cuáles sus propuestas al respecto; y qué otras distintas y novedosas proponen para un mejor futuro.

Abstenerse, o sea privarse voluntariamente de participar en una votación a la que se tiene derecho, es la facultad de discurrir, razonar o reflexionar sobre algo, lo que precisamente implica el ‘deber’ de comunicarle a los demás sus razones para que entiendan que no es simple indiferencia, la que a menudo es usada inconscientemente como un mecanismo de defensa contra la decepción, que es un estado de neutralidad o de falta de interés o, en este caso, de rechazo hacia la actual política del país, e implica la no participación en las elecciones.

Pero, ante todo, hay que entender que si muchos electores se abstienen (en las últimas décadas ha sido cerca de la mitad de los ciudadanos habilitados), eso permite que sean unos pocos los que elijan un gobierno sin verdadero respaldo popular, pero que será para todos los ciudadanos, ignorando lo que eso los puede perjudicar. Ahora lo responsable es votar en blanco para hacer pública la razón que habría para no hacerlo, y que sume y cuente; y si es por algún otro motivo, como intimidaciones o amenazas, se lo debe denunciar.

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