El resultado de la primera vuelta presidencial del domingo 31 de mayo dejó un panorama de alta polarización y concentración de votos en Colombia. El debilitamiento de las alternativas de centro —entre las que estaban Sergio Fajardo y Claudia López— y de la derecha tradicional deja dudas sobre hacia dónde irán los votos en el duelo del 21 de junio.
De la Espriella y Cepeda: los dos polos
De la Espriella pasó a la segunda vuelta como el candidato más votado, con 10.359.112 votos: 672.091 más que Iván Cepeda. Entre ambos concentraron más del 84 por ciento de la votación válida. Según el análisis realizado por Orza Relacionamiento Estratégico, esto evidencia que buena parte del electorado actuó en la primera vuelta bajo una lógica de voto útil.
Para María Jimena Escandón, socia de Orza, más que una competencia abierta entre múltiples candidaturas, la elección terminó en disputa entre dos modelos. Por un lado, De la Espriella logró abanderarse del malestar frente al Gobierno, la lucha por la seguridad y el rechazo a las estructuras políticas tradicionales. Del otro, Cepeda, quien continuaría con el progresismo, retuvo buena parte del electorado que respaldó a Gustavo Petro en 2022 y amplió la votación histórica de la izquierda en una primera vuelta presidencial.
“Esta elección confirma que Colombia llega a segunda vuelta con polarización organizada. Los votantes identificaron desde la primera ronda cuáles eran las dos candidaturas con opciones reales de poder y concentraron allí su decisión”, señaló Escandón.
El ascenso de la nueva derecha
La jornada electoral demostró el ascenso de una nueva derecha no uribista. De la Espriella, un candidato sin trayectoria en cargos públicos y con una campaña construida inicialmente desde redes sociales y opinión, logró superar al candidato del oficialismo y además desplazó a la derecha tradicional. Según el análisis de Orza, su crecimiento se explica por una narrativa antiélite, antipolítica y antiestablecimiento que conectó con sectores inconformes con la seguridad, la economía y la gobernabilidad.
Juliana Ocampo, también socia de Orza, opinó que a medida que la candidatura del abogado se volvió viable y tomó fuerza, una parte importante de las estructuras regionales y de las élites políticas comenzó a adherirse a su campaña. Con esta lectura, de acuerdo con el análisis de la agencia, la gran derrotada fue la derecha tradicional. Aunque Paloma Valencia se ubicó en el tercer lugar de la contienda, apenas alcanzó el 6 por ciento de los votos (1,6 millones). Orza apunta que esto representa una señal de alerta para el uribismo y para las estructuras políticas que durante más de dos décadas ordenaron buena parte del voto de derecha en Colombia. Una porción significativa de ese electorado terminó migrando hacia una candidatura personalista y de confrontación.
La lucha por los votos del centro
El centro político sufrió una gran derrota en los comicios. Gonzalo Araújo, analista político, explicó que Sergio Fajardo y Claudia López no lograron consolidarse como alternativas competitivas en un escenario dominado por dos polos muy marcados. “En 2026, el electorado no pareció buscar un punto medio, sino una opción con posibilidades reales de llegar a la Casa de Nariño”, dijo.
De cara a la segunda vuelta, el margen de maniobra será estrecho. Aunque De la Espriella y Cepeda concentraron la mayoría de la votación, cerca del 15 por ciento del electorado respaldó otras candidaturas o votó en blanco. Esa proporción será determinante con una diferencia tan reducida, indicó Araújo.
El millón de votos de Sergio Fajardo adquiere importancia estratégica. Mientras una parte relevante del voto de Paloma Valencia podría dirigirse hacia De la Espriella y el electorado de Claudia López podría acercarse a Cepeda, los votantes de Fajardo aparecen como el segmento más disputado. “La segunda vuelta no se definirá por bases. Se definirá por quién logre hablarle mejor a los votantes que no eligieron a ninguno de los dos finalistas, especialmente a quienes buscan cambio, pero también estabilidad institucional”, concluyó Gonzalo Araújo.
Participación y regiones clave
Estas votaciones confirmaron la consolidación de un nuevo piso de movilización para elecciones presidenciales. En la primera vuelta votaron más de 22,7 millones de ciudadanos, con una participación cercana al 54,85 por ciento, prácticamente igual a la registrada en 2022. Esto prueba que el salto de participación no fue un caso aislado, sino un nuevo umbral de movilización presidencial. Aun así, cerca de 45 de cada 100 ciudadanos habilitados no acudieron a las urnas, por lo que la abstención sigue siendo uno de los factores estructurales del sistema político colombiano.
El voto en blanco se mantuvo bajo. En 2026 alcanzó 406.943 votos, equivalentes al 1,69 por ciento de los votos válidos. La confrontación entre dos proyectos opuestos absorbió a buena parte de esos votantes, y la polarización no amplió el voto en blanco, sino que lo comprimió, según indicó Orza.
A nivel territorial, Cepeda conservó ventajas en territorios populares, periféricos y en zonas donde el progresismo ha construido bases electorales sólidas. Sin embargo, De la Espriella logró compensar esa fortaleza con diferencias amplias en Antioquia, Santander y Cundinamarca, donde la derecha no solo ganó, sino que acumuló volumen suficiente para alterar el balance nacional. Bogotá y la Costa Caribe siguen siendo decisivos, pero no bastan por sí solos para poner presidente. La elección mostró que el resultado nacional se construye por agregación territorial cruzada: centro urbano, corredor antioqueño, centro-oriente, periferias sociales y voto exterior.



