Análisis: La izquierda colombiana enfrenta un escenario cuesta arriba para 2026
Izquierda colombiana enfrenta cuesta arriba para 2026

Después de la primera vuelta de 2022, el progresismo colombiano quedó desalentado. Parecía inevitable que la izquierda pasaría cuatro años más sin gobernar en el corazón del mundo. Gustavo Petro, con el 40.3 % de los votos, pronunció un discurso sin rumbo ni energía. Las candidaturas de Rodolfo Hernández y Federico Gutiérrez sumaron el 52.1 %, una ventaja de dos millones y medio de votos sobre el Pacto Histórico. Todo parecía perdido. Sin embargo, Rodolfo abandonó su ventaja, asustado por la posibilidad de ganar con una farsa. Eso allanó el camino para la victoria de Petro. Además, una parte significativa del centro decidió darle una oportunidad a la izquierda, buscando alternancia democrática y cambio. Petro sumó más de dos millones y medio de votos entre las dos vueltas, una hazaña notable. Mientras tanto, Rodolfo perdió 400 mil votos respecto a la derecha, sin crecer ni en el consulado de Miami.

La primera vuelta de 2026: un espejo de 2022

En gran medida, la primera vuelta de 2026 repitió el patrón de 2022. El mapa geográfico es idéntico: las costas y el sur votan por la izquierda, mientras que el centro del país, excepto Bogotá, se inclina a la derecha. Bogotá ha sido un bastión del Pacto Histórico en elecciones nacionales, una tendencia consolidada desde el plebiscito por la paz hace una década. Los números de los bloques de izquierda y derecha, el nuevo “bipartidismo”, se repitieron casi exactamente. Iván Cepeda obtuvo el mismo 40 % que Petro en 2022, las dos candidaturas de derecha sumaron el 51 %, y Sergio Fajardo, representando al centro, consiguió el mismo 4 %.

Cambios y novedades

Sin embargo, hubo cambios significativos. Uribe enfrentó una derrota definitiva en sus filas. Paloma Valencia pagó el ocaso del patriarca; el expresidente se mostró tibio y desgastado para la nueva derecha que exige garra y espectáculo. Paloma declaró que era su padre, pero parecía su abuelo. Irónicamente, Uribe, mediante procesos judiciales, también influyó en la elección del candidato de izquierda, quemando dos pájaros en su última campaña. Bogotá fue otra sorpresa: una caída de seis puntos para el Pacto, debido a votantes de centro decepcionados con el gobierno. Fue la mayor derrota del petrismo. Algo similar ocurrió en Cauca y Nariño, donde el entusiasmo se desgastó por un gobierno ineficaz. Ahora, la derecha capitaliza el fervor del cambio y la rabia. La arrogancia y la corrupción gubernamental facilitaron este giro. La izquierda ganó en maquinaria política, pero perdió imagen.

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Personalidades contrastantes

La personalidad de los candidatos marcó diferencias. Petro es un orador profesional, un político apasionado, mientras que Cepeda es frío y calculador. Rodolfo era un caudillo iracundo, un cascarrabias sin rumbo. Abelardo de la Espriella es un producto bien elaborado: abogado juglar, empresario pastor, soldado bacano, polemista implacable. Algunos errores ponen al progresismo al borde de perder el poder. La obsesión por la plaza pública descuidó la tarima digital. Rodolfo lo advirtió hace cuatro años, y Abelardo fue un paso más allá, mientras Cepeda se conformaba con consignas. Petro, ensimismado, creyó que su popularidad ocultaría la pasividad de Cepeda. Ni la burocracia desatada, ni la publicidad excesiva, ni la participación política descarada lograron el milagro. Parece imposible que la izquierda repita la hazaña de 2022.

Un panorama polarizado y violento

Ambos bandos han convertido la política en una cuestión de vida o muerte. El bate, el puñal y el arma traumática son parte del discurso. Podríamos estar ante una guerra callejera donde ambos bandos vistan la camiseta de la selección Colombia.

Por Pascual Gaviria

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