El Gobierno nacional, que fue el principal impulsor de la iniciativa de convocar una Asamblea Nacional Constituyente, ahora se distancia de una propuesta que, según analistas, fue inviable desde sus inicios. El presidente Gustavo Petro, presionado por la campaña del senador Iván Cepeda, solicitó suspender las actividades del comité que recogía firmas para promover la idea. Sin embargo, preocupa que las razones esgrimidas para dar marcha atrás reflejan que un sector influyente de la izquierda no ha abandonado sus intenciones refundacionales.
Argumentos del presidente para frenar el proceso
En un mensaje en su cuenta de X, Petro señaló que "la decisión electoral reflejada en las últimas elecciones, al reflejar una profunda división ciudadana, no permite que el constituyente se convoque a sí mismo y ha dejado abierta la puerta de un regreso a los métodos del fascismo violento". Añadió que "el pueblo debe primero determinar, en tranquilidad, su mayoría y definir el destino de la nación; de esa definición depende la suerte de las reformas sociales ya hechas en mi gobierno y las que aún se necesitan". Estos argumentos coinciden con los que innumerables críticos y este diario le plantearon a la Casa de Nariño en repetidas ocasiones: la división política actual está muy lejos del momento histórico que representó la constituyente de 1991.
Lecciones de Chile y el riesgo de repetir errores
No era difícil prever este desenlace. Ejemplos regionales lo confirman: en Chile, un gobierno de izquierda llegó al poder en medio de una ola popular sin precedentes, pero cometió el error de impulsar una constituyente sesgada, sin capacidad de concertación, que terminó estrellándose contra el rechazo en las urnas. Posteriormente, la derecha y ultraderecha intentaron lo mismo, también sin éxito. El ahora expresidente Gabriel Boric vio cómo su capital político se diluyó por priorizar la constituyente en lugar de gobernar con eficiencia. Colombia iba por la misma senda. La Constitución de 1991, con su consenso y avances sociales, es un milagro comparado con lo que podría surgir del clima político actual.
Las contradicciones del discurso oficial
En su mensaje, Petro insistió en que "la propuesta de Asamblea Nacional Constituyente es, por definición, del constituyente", pero la realidad es que fue el propio mandatario quien comenzó a hablar de poder constituyente hace dos años. Incluso prometió presentar las firmas ante el nuevo Congreso el 20 de julio. Su fugaz exministro de Justicia, Eduardo Montealegre, presentó un proyecto de ley para allanar el camino a la constituyente, con mecanismos creativos para elegir a dedo a buena parte de los representantes. Además, en eventos del presidente y del senador Cepeda se recogieron firmas del comité. Todo quedó enterrado tras los resultados de la primera vuelta presidencial.
Un país dividido, no para refundaciones
La izquierda obtuvo una votación histórica, pero el apoyo masivo a candidatos como Abelardo de la Espriella evidencia un país fracturado: esas dos Colombias que Petro prometió unir y que, por el contrario, separó aún más con su retórica de odios. Por eso, no estamos en condiciones de emprender una constituyente. La iniciativa ha sido puesta en el congelador, pero las intenciones de un sector de la izquierda siguen latentes, lo que genera incertidumbre sobre el futuro político del país.



