Cada vez está más claro que el decálogo que Sergio Fajardo presentó tras su derrota presidencial no solo busca fijar una hoja de ruta para el millón de ciudadanos que respaldó su candidatura, sino que también deja ver una combinación de propuestas y principios que, dependiendo del tema, pueden acercarse a posiciones tradicionalmente asociadas tanto a la derecha como a la izquierda del espectro político colombiano.
Los puntos del decálogo que se acercan más a la derecha
Uno de los mensajes más contundentes del texto es el rechazo a una Asamblea Constituyente. Fajardo plantea la necesidad de proteger la Constitución de 1991 y defender la independencia de poderes, afirmando que esto no es compatible con los intentos de modificar la arquitectura institucional del país mediante una nueva constitución.
A ese mensaje se suma una de las críticas más fuertes contenidas en el documento: la referencia al fracaso de la Paz Total. El exaspirante sostiene que Colombia necesita recuperar el control territorial, enfrentar las economías ilegales y fortalecer la seguridad frente al crecimiento del crimen, el narcotráfico y los grupos armados ilegales.
Dentro de esa misma línea aparecen otros elementos que suelen estar presentes en discursos de sectores de centroderecha y derecha moderada:
- Defensa de la seguridad y el control territorial.
- Rechazo a la Constituyente.
- Auditoría y rendición de cuentas a la administración actual.
- Seguridad jurídica.
- Atracción de inversión privada.
- Política exterior basada en el interés nacional.
En materia económica, el documento también habla de impulsar la competitividad, fortalecer la infraestructura e incentivar la inversión privada como motor del desarrollo productivo.
Las propuestas que conectan con agendas progresistas
Sin embargo, el texto no se limita a planteamientos asociados a la seguridad o la institucionalidad. Una parte importante del decálogo está enfocada en temas que históricamente han estado más vinculados a sectores progresistas y de centroizquierda.
El ejemplo más evidente es la defensa de un Estado que garantice y profundice los derechos consagrados en la Constitución de 1991. Allí se habla de un gobierno plural e incluyente que respete a todas las personas y que amplíe oportunidades para jóvenes, comunidades étnicas, adultos mayores, víctimas del conflicto y población LGBTIQ+.
El documento también establece que los derechos son innegociables, una de las afirmaciones más contundentes de todo el texto.
A esto se suma el énfasis en la educación como principal herramienta de transformación social. Bajo el concepto de Colombia la más educada, Fajardo insiste en fortalecer a los docentes, recuperar aprendizajes y ampliar oportunidades para que los jóvenes estudien, trabajen y construyan sus proyectos de vida.
Entre los puntos que podrían ser leídos como más cercanos a agendas progresistas aparecen:
- Defensa de derechos sociales y ciudadanos.
- Inclusión de minorías y poblaciones históricamente excluidas.
- Igualdad de género.
- Educación como mecanismo de movilidad social.
- Salud centrada en los pacientes y cuidadores.
- Desarrollo productivo con inclusión social.
Un documento que busca ocupar el centro político
De esta forma, más que inclinarse completamente hacia uno de los extremos ideológicos, el decálogo parece intentar reunir elementos de distintas corrientes políticas bajo una misma narrativa.
Por un lado, cuestiona la Constituyente, critica la Paz Total y propone una agenda más fuerte en materia de seguridad. Por otro, reivindica la inclusión, la diversidad, la educación pública, la igualdad de derechos y el papel del Estado en la garantía de oportunidades.
Esa combinación también se observa en la propuesta económica, ya que el texto defiende la inversión privada y la seguridad jurídica, pero al mismo tiempo insiste en que el crecimiento debe estar acompañado por inclusión social, empleo digno y sostenibilidad.
La misma lógica aparece en la política exterior planteada por Fajardo, donde se propone una diplomacia seria, profesional y al servicio de la gente, alejada de afinidades ideológicas y orientada por el interés nacional, dejando claro que el exaspirante busca mantener una identidad de centro basada en la defensa institucional, la educación y la lucha contra la corrupción, mientras incorpora posiciones que pueden resultar atractivas tanto para votantes preocupados por la seguridad como para quienes priorizan la inclusión social y la ampliación de derechos.



